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Procesado el alto comisario italiano anti-Mafia por "usurpación de poder"

Domenico Sica -el alto comisario contra la Mafia con poderes especiales para combatir a la Piovra-, sucesor del asesinado general de Carabineros Carlo Alberto dalla Chiesa, ha sido incriminado por el fiscal de Roma Rosario di Mauro, y tendrá que presentarse a juicio dentro de 45 días como presunto autor de un delito de abuso de poder, entre otros.

Las acusaciones que los jueces romanos hacen al poderoso comisario contra la Mafia son tres: usurpación de poderes públicos, violación del secreto de oficio y destrucción de pruebas.La explosiva noticia ha cogido de sorpresa al mundo político y a la opinión pública. No se descarta una lucha intestina por el poder dentro de la magistratura italiana y del mismo poder político. El nombramiento de Sica como alto comisario contra la Mafia en Palermo había sido el fruto de un compromiso entre las diversas fuerzas políticas durante el Gobierno de De Mita.

La lucha había sido entre nombrar al mítico juez Glovanni Falcone, siciliano, considerado el candidato ideal para tal puesto por su innegable experiencia en el complejo mundo mafioso, y el magistrado romano Domenico Sica, que había tenido en sus manos los mayores procesos sobre el terrorismo rojo y negro. Falcone era el candidato de las fuerzas progresistas, y Sica el de las conservadoras, al estar considerado como un magistrado "sensible al poder democristiano".

Ganó la batalla el magistrado romano, y desde entonces existió siempre una lucha sorda entre los seguidores de Falcone y los de Sica. De repente explotó el caso del cuervo, el personaje que empezó a inundar a las máximas autoridades del Estado con cartas anónimas contra Falcone, acusándole de usar ilegalmente a mafiosos arrepentidos para sus investigaciones.

Sica sospechó que el cuervo podía ser nada menos que el magistrado Alberto di Pisa, que era uno de los componentes del grupo anti-Mafia capitaneado por Falconi. Y sin decir nada a nadie lo puso a prueba recogiéndole, con engaño, sus huellas dactilares, ofreciéndole en su despacho una taza de café. Las huellas revelaron que coincidían con las de una de las cartas anónimas, y que, por tanto, Di Pisa era el cuervo.

Por otro lado, en Florencia, los inmigrantes de color, sobre todo senegaleses, marroquíes y tunecinos, en su mayoría vendedores ambulantes ilegales, han cesado en su ayuno de protesta tras haber ganado, en la noche del viernes, su primera batalla contra el Ayunta miento, que los había echado del centro de la ciudad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de marzo de 1990

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