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CARTAS AL DIRECTOR

Ingenio destructivo

El prestigio y la credibilidad del diario que usted dirige se debe en buena parte al criterio básico de no dar por objetivo aquello que es subjetivo. Parece que este criterio no sería extensible al ámbito de la crítica de libros, pero, de no ser así, nos veríamos abocados en dicho ámbito a una espiral de tendenciosidad y arbitrariedades sin remedio. Desde luego, y no me cabe la menor duda, existen unos criterios de justicia y equidad que valen para todo lo humano, por etéreo que sea. Esta equidad se halla por completo ausente en la crítica de mi libro Naturaleza, publicada por este periódico el 3 de diciembre pasado. En ella se descalifica mi libro con pruebas parciales y amañadas que ningún juez ecuánime podría aceptar como tales. Se dan una complacencia y una impunidad tales en el ejercicio de la arbitrariedad que yo debería tener una conciencia de esclavo para aceptarlas sumisamente.De otra parte, está el incalculable perjuicio moral y personal que puede suponer, para alguien que ha consagrado por completo varios años de su vida a un trabajo determinado, ver cómo se le aplica un criterio apresurado y claramente injusto. Porque una cosa es la crítica y otra muy distinta, y mucho más fácil, el ingenio destructivo del censor-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de febrero de 1990