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Adolfo Villoslada: "No les guardo rencor, porque, a pesar de anularme como persona, no me maltrataron

"No les guardo rencor, porque no me han maltratado; ellos son otros secuestrados, aunque vayan por su gusto. A mí me secuestraron, me quitaron mi libertad, me tuvieron en un agujero en el que lloré mucho; pero, sin embargo, a pesar de anularme como persona, no me maltrataron y siempre insistieron en que no tenían nada contra mí ni mi familia y en que saldría bien al final", declaró ayer el empresario Adolfo Villoslada, secuestrado por la organización terrorista ETA durante 84 días y puesto en libertad el pasado viernes tras el pago de un rescate económico sobre el que dijo: "No sé nada".

Villoslada visitó en la tarde de ayer las instalaciones de la fábrica Añuri de la que es copropietario. Conoció las obras de ampliación en ella realizadas durante su cautiverio y saludó uno a uno a sus trabajadores abrazándoles en medio de un clima de emoción. Posteriormente compareció en una conferencia de Prensa en la que agradeció a todo el pueblo español "su ayuda y preocupación por mí".Villoslada relató algunas de sus vivencias durante el secuestro. "Desde el primer momento pensé que podría morir, pero Dios me ha dado la fuerza suficiente para alejar este pensamiento. Quería salir, estaba en un metro cuadrado y pensaba que me volvería loco, pero hablé mucho con Dios y me dio tantas fuerzas que al final he salido y hasta he perdonado a los terroristas que allí me han tenido. No les guardo rencor", subrayó el industrial.

Adolfo Villoslada aseguró que siempre dijo a sus captores que se habían equivocado de persona "y que en mi empresa lo más importante eran los trabajadores. Me hayan quitado lo que me hayan quitado, que no lo sé, no me interesa porque hoy he visto que mis compañeros de Añuri siguen aquí trabajando conmigo".

Los terroristas comentaron al empresario navarro que ellos perseguían una negociación del Gobierno con su organización siempre estaban hablando de su guerra y cuando les preguntaba qué pasaba por España, ellos me respondían: 'Les tenemos rodeados, el mundo está convulsionado'", relató el empresario.

Los miembros del comando etarra le prohibieron escribir una carta a su familia y cuando le avisaron que quedaría libre a las pocas horas debieron modificar sus planes de liberación, según relató el empresario. "Me dijeron primero", precisó Villoslada, "que estaría a una hora de casa y que a lo mejor me tenían que atar a un árbol o algo así. Después vinieron y me dijeron: 'A lo mejor hasta puedes ir a casa a pie'. No me sentí libre hasta que no se fueron e incluso pensé cuando iba en el maletero que finalmente me iban a matar. Al marcharse repitieron que no les guardara rencor porque eran unos mandados y después, cuando oí la primera voz que no era la suya, rompí a llorar".

Los secuestradores no dieron a Villoslada ninguna instrucción para efectuar declaraciones posteriores, según aseguró el empresario. "No he pretendido ofender a nadie cuando digo que me trataron bien. Quiero decir que nunca me maltrataron aunque soy consciente de que me han robado mi libertad". Villoslada indicó en otro momento que al insistir a la mujer que formaba parte del comando en que debían haberse equivocado de hombre, ésta le respondió: "¿Qué es lo que quiere? ¿Qué esté otro en su lugar? Vaya amor al prójimo que tiene".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 20 de febrero de 1990

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