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Crítica:MÚSICA CLÁSICA

Marco, entre Gorli y Busotti

El Divertimento Ensemble de Milán actuó, tras la jornada del lunes dedicada a Bruno Maderna por el Ex Novo Ensemble que dirige Claudio Ambrosini. El martes se celebró en el Auditorio Nacional un concierto con obras de Sandro Gorli, Tomás Marco y Silvano Busotti, interpretadas por el Divertimento Ensemble de Milán que fundara y mantiene Sandro Gork (Como, 1948).Ante una asistencia siempre reducida, quizá por razones de horario o sobrecarga de conciertos, pudimos aplaudir dos obras dramáticas y una meramente instrumental. Fue ésta Diwanes y quasiras, de Tomás Marco, para nueve intrumentos, estrenada en el festival de Estrasburgo en 1987. El compositor madrileño evoca, desde su personal sensibilidad la poética de éstas formas arábigo-andaluzas sin acudir, en ningun momento, a cita ni alusión arabista. El resultado es claro y muy bello y el éxito fue más que notable.

Festival Italia-España

Divertimento Ensemble, de: Milán. Director: S. Gorli. Solistas vocales: Luisa Castellani, María Crabuco, Vincenzo Manno, Delfo Menicucci y Aurio Tomachic. Narrador: S. Busotti. Auditorio Nacional. Madrid, 6 de febrero.

Tanto Sandro Gorli como Silvano Busotti (Florencia, 1931) nos propusieron piezas dramáticas de tan auténtica naturaleza que al escucharlas en concierto echábamos en falta la representación. En la titulada Solo, premio Europa 1985, inspirada en Strindberg y su denominado Drama itinerante en siete etapas, Sandro Gorli juega con diversos tipos de contrastes dramáticos y musicales, trazados con precisión y hasta preciosismo de lenguaje y obedientes a un sentido de la delectación sonora muy acusado. En suma, el rico repertorio de ideas y la exactitud y atractivo de las formulaciones avivan en el oyente el deseo de conocer la obra en su idónea naturaleza teatral y en su totalidad.

La raritá potente, sobre texto de Romano Amidei, escrita entre 1976 y 1978, nos pone en contacto con el talento dramático de Busotti, cuyo misterio La pasión según Sade o su ópera Lorenzaccio, sobre Musset, cuentan entre lo más significativo del teatro musical contemporáneo. Busotti posee un genio sintético y así en La raritá descubrimos todo el pasado de la dramática italiana desde las comedias armónicas y Monteverdi hasta nuestros días.

Hay una recuperación de la simplicidad y un amor por lo bello-expresivo verdaderamente admirables en cuanto hacen los cinco solistas vocales y el amplio y muy personificado conjunto instrumental. Como en el caso de Gorli, a pesar de que en Busotti todo queda más evidente, desde la versión de concierto se adivina el superior interés del drama en alguna forma de representación. Las interpretaciones, por parte de todos, fueron excelentes y Sandro Gorli y su grupo mostraron una calidad fuera de serie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de febrero de 1990