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170 presos padecen SIDA en España y el 28% de los internos porta anticuerpos

Un total de 170 presos españoles padecen el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), según ha manifestado una fuente de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. Una encuesta sanitaria realizada este año por este departamento entre la población reclusa a su cargo (27.000 internos), acompañada de análisis, revela que el 28% es portador de anticuerpos del SIDA, el 58% ha estado en contacto con el virus de la hepatitis B, el 5,7% padece sífilis y el 44,5% ha consumido drogas por vía intravenosa.

Los datos de la encuesta, realizada en los 81 centros que dependen de ella, han sido remitidos por el Ministerio de Justicia a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y al Plan Nacional del SIDA, dependiente del Ministerio de Sanidad.

Esta encuesta forma parte del Sistema Unificado de Recogida de Información (SURI), puesto en práctica con la intención de prevenir y tratar las enfermedades entre la población reclusa. En 1988 se desarrolló un plan de detección de enfermedades transmisibles prevalentes en cinco prisiones y se inició la vacunación contra la hepatitis B. A continuación se realizó una campaña de sensibilización, con información higiénica y sanitaria sobre prácticas de riesgo y prevención de enfermedades transmisibles.

Finalmente, y tras una primera fase experimental, el 6 de marzo pasado se inició el programa de la. encuesta, que incluye cuestionario., análisis y estudio de las prácticas de riesgo y se ha realizado en colaboración con la universidad Complutense de Madrid.

La población reclusa en ese momento era de 27.023 personas. No se incluye en esta cifra la que depende de la Generalitat de Cataluña, único Gobierno autónomo con competencias plenas en materia penitenciaria.

Un 7,4% de los reclusos rechazó participar, por lo que fueron cumplimentadas 25.202 encuestas sociales y se realizaron 19.946 extracciones (para análisis, clínicos). Según Instituciones Penitenciarias, la diferencia entre estas; cifras obedece a la puesta en libertad del recluso en el tiempo que media entre la entrevista social y la extracción. El rechazo al programa se cifra en un 19%. Estadísticamente los datos recogidos tienen un margen de error del 0,25%.

Desde el punto de vitsta de la prevención sanitaria, principal finalidad de la encuesta, los datos recogidos son calificados de "excelentes", ya que han permitido tratar al 80% de la población reclusa. El 91,3%. de los encuestados manifestó que deseaba conocer los resultados de las pruebas a que se sometió.

Los cuestionarios cumplimentados han sido depurados por un equipo de licenciados en sociología. En cuanto a las entrevistas sanitaria y analítica, su depuración ha correspondido al Servicio de Vigilancia Epidemiológica de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias. En la primera quincena de octubre se grabaron en soporte magnético 25.202 cuestionarios. El Servicio de Informática de Somosaguas de la Universidad Complutense y una empresa informática están realizando el tratamiento exhaustivo de los datos.

Factor de riesgo

El alto procentaje de consumo de drogas determina que el estado de salud de la población reclusa sea muy inferior al normal en un colectivo semajente en el que no haya drogadictos. El principal factor de riesgo entre los encuestados portadores de anticuerpos del SIDA es el consumo de drogas por vía intravenosa. De los entrevistados que declararon haberse administrado drogas por este sistema alguna vez en su vida, el 60% son portadores de anticuerpos del virus del SIDA.

Hay también una relación directamente proporcional entre entre la presencia de anticuerpos y la cantidad de drogas administradas por vía intravenosa. Entre los consumidores eventuales de heroína la tasa de infección es del 38%, mientras que entre los habituales es del 61%.

La presencia de anticuerpos en la sangre no supone que se padezca el SIDA, de ahí la diferencia entre los 170 casos de enfermos contabilizados y los aproximadamente 7.500 portadores que corresponden al aplicar el 28% que arroja la encuesta al total de la población reclusa.

El programa de la encuesta continúa en marcha en todos los centros dependientes de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias y se ofrece a todas las personas que ingresan en prisión con el fin de prevenir las enfermedades transmisibles más frecuentes en esa población o paliar su incidencia.

Instituciones Penitenciarias creó este año la Subdirección General de Sanidad Penitenciaria, con funciones como la vigilancia epidemiológica, la intervención sobre los drogadictos y el control de la higiene.

Extranjeros

Los extranjeros, que representan el 9,1%, de la población encuestada, presentan como colectivo unos datos sanitarios distintos de los reclusos españoles. Así.. el porcentaje de portadores de anticuerpos del SIDA es entre los extranjeros sólo del 5%, mientras que el de los enfermos de sífilis es más alto, el 7%.

De acuerdo con el estudio, estas diferencias obedecen a las diferentes características sociológicas y de cultura delictiva entre el colectivo nacional y el extranjero. En relación con los españoles, entre los extranjeros hay más analfabetos, más personas con bajos ingresos familiares, más desarraigados de su familia y más vagabundos. No obstante, entre ellos hay también más individuos con estudios o ingresos altos que entre los presos españoles.

En cuanto a la "cultura delictiva" el estudio señala que lo extranjeros son más "profesionales" que los españoles. Han cometido menos delitos contra las personas y más directamente utilitarios, como tráfico de drogas y contrabando. El delito por el que más frecuentemente ingresan en las prisiones españolas ciudadanos extranjeros es el tráfico y tenencia de drogas. Hasta un 46,5% de los encuestados está en prisión, por esa razón.

El recluso medio español, en cambio, está más "integrado" desde el punto de vista social. El estudio interpreta que esta circunstancia obedece a la mejora de los recursos sociales en España. La asistencia sanitaria ha reducido las enfermedades infectocontagiosas, como la sífilis, y el desarrollo del sistema educativo ha reducido el analfabetismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de diciembre de 1989

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