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Editorial:

Tanteo en Brasil

LA PRIMERA vuelta de las elecciones presidenciales brasileñas ha ratificado los pronósticos más generalizados, sin dejar resuelto quién va a ser el primer mandatario elegido democráticamente en el país desde 1959. El populista de derecha Fernando Collor de Melo (Partido de Renovación Nacional) y el sindicalista de izquierda Luiz Inacio, Lula, da Silva (que lidera el joven Partido del Trabajo, pero que para estos comicios encabeza una coalición con la izquierda radical, el Frente Popular de Brasil) han obtenido los dos primeros lugares, por lo que disputarán la segunda y definitiva vuelta el próximo 17 de diciembre.Fernando Collor, que casi con el 30% del voto ha quedado en primer lugar, es, según las opiniones más extendidas en el mundo político e intelectual brasileño, un producto de laboratorio, sobre todo televisivo, que apela a los sentimientos más elementales de la opinión: ataca a la corrupción e ineficacia del Gobierno, por otra parte evidentes, y promete una renovación, pero no un cambio profundo. Su partido tiene las raíces económicas, sociales e históricas plantadas en los mismos medios que han hecho de Brasil una empresa abierta al expolio de las riquezas del país.

Lula, por su parte, es un líder indiscutiblemente honrado que propugna un socialismo de contornos mal explicados, pero democrático. Hasta sus partidarios más fervientes admiten, sin embargo, que es más un sindicalista radical que un político, y que su partido parece escasamente preparado para gobernar. Leonel Brizola, tercero ya no en discordia, puesto que ha quedado apartado -aunque por escasísimo margen- de la segunda vuelta, resultaba más verosímil, al menos desde el punto de vista europeo, como candidato a oponer a Collor. Su socialismo, antaño muy radical, ha adquirido en los años de la recuperación democrática un tono socialdemócrata a la europea.

Aunque la polarización de todo el voto de izquierda en torno a Lula es más complicada, la elección no está decidida. Collor no ha cesado de bajar en las encuestas desde que anunció su candidatura en agosto y podría haber alcanzado el techo de sus posibilidades en la primera vuelta. Aun así, su fuerza electoral es grande. Sin embargo, si en la segunda vuelta Lula contara, como podría ocurrir a juzgar por las declaraciones de los líderes perdedores, con la mayoría de los votos del Partido Democrático del Trabajo de Brizola, con los de los comunistas de Freire y con al menos parte de los del centro-derecha de Mario Covas, el candidato del Frente Popular de Brasil tendría una opción real de alcanzar la presidencia. Pero faltan aún tres semanas, y, en ese tiempo, los vuelcos de coaliciones y las deserciones de votantes pueden hacer que el panorama cambie radicalmente más de una vez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de noviembre de 1989