El empresario amenazado por ETA no piensa abandonar Euskadi

El empresario vasco José María Acha Hormaetxea, que el pasado sábado 11 recibió por correo un paquete bomba con 200 gramos de material explosivo, ha hecho público un comunicado en el que manifiesta su intención de no abandonar el País Vasco a pesar de las amenazas de ETA."Que sepan los que tanto me acosan", afirma en el texto, "aun con la muerte, que jamás me iré ni me ausentaré de Euskadi. Lo que sí tengo que decirles rotundamente es que dejen en paz a este, vasco que defenderá con tesón el progreso y el bienestar de esta tierra tan querida por todos".

Según fuentes conocedoras del caso, esta organización pretende óbtener 200 millones de pesetas del empresario naviero en concepto de impuesto revolucionario. Atxa es accionista de Naviera Peninsular, una ole las empresas dedicadas al negocio de los barcos con una situación financiera de reconocida solvencia.

Según sus propias palabras, su situación económica particular es "la normal de todo hombre de empresa en los momentos actuales". En la cesta de frutos los hay variados, sabrosos, regulares y en mal estado, pero con una fe ciega de que los regulares y los malos serán superados".

José María Atxa, 63 años de edad y natural de Olaveaga (Bilbao), sufre una invalidez a consecuencia de un accidente gravísimo que sufrió en su juventud. En la actualidad el empresario vasco vive en una urbanización de lujo en la zona residencial de Getxo. "Soy un hombre feliz que dispone diariamente de pastillas de ambición y conformidad que me permiten jornadas ilimitadas de trabajo". Según fuentes policiales, el destinatario del paquete bomba fue objeto hace algunos años de otro intento de extorsión por parte de ETA.

Con este nuevo paquete, bomba suman tres los empresarios intimidados por ETA en 1989. Iñaki Aseguinolaza, propietario de una cadena de cafeterías de Bilbao, y Joaquín Aperribay, director general de la Sociedad Anónima Placencia de las Armas (SAPA), recibieron paqueites similares durante este año, aunque sin carga explosiva en el caso de Aseguinolaza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 16 de noviembre de 1989.

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