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El aumento de la violencia durante la campaña chilena causa la alarma entre los políticos

El aumento de la violencia y la frustrada petición de la policía civil para que el Ejército saliera a patrullar las calles de Santiago causaron la alarma entre los políticos a sólo 35 días de las elecciones generales. Aunque la campaña electoral ha estado plagada de incidentes, dos hechos exacerbaron la preocupación: unos desconocidos acudieron al hogar del portavoz de la coalición opositora, Enrique Silva Cimma, y golpearon a su esposa, Elena Marfán, de 70 años, y fue quemado el coche de una periodista.

Patricio Aylwin, el candidato opositor y más probable próximo presidente según las encuestas, comentó que la violencia conviene a quienes saben que perderán". La oposición estimó que las provocaciones para crear un clima de intranquilidad y temor son útiles sólo a quienes desean la continuidad de Pinochet y responsabilizó a los sectores más enfervorizados del régimen.

Registro sin robo

El Partido Radical, que preside Silva Cimma, culpó a grupos vinculados a la Central Nacional de Informaciones (CNI), la policía secreta del régimen, de los actos delictivos. Los dos sujetos que asaltaron el miércoles la casa de Silva Cimma cubrieron sus rostros con pañuelos. Aunque no hicieron ninguna alusión política, registraron la vivienda sin robar objetos de valor y golpearon en la boca a Elena Marfán.El mismo día, en el centro de Santiago, fue quemado el coche de la periodista Mónica González, de la opositora revista Análisis. González había publicado en Análisis dos extensas crónicas sobre la fortuna de la familia de Pinochet y anteriormente había sido objeto de amenazas y seguimientos.

En el aumento de la violencia se mezclan hechos políticos y otros aparentemente delictivos. Las casas de dos conocidos periodistas de televisión fueron asaltadas. El apartamento de un juez, que investiga casos de tortura practicados por la CNI fue allanado por desconocidos. En los últimos días, 28 comercios y sucursales bancarias han sufrido robos. Los opositores son frecuentemente detenidos en los actos de la campaña, los candidatos agredidos, y en dos ocasiones se han arrojado miguelitos (clavos con tres puntas) a los autos de la comitiva de Aylwin.

La policía civil de investigaciones aprovechó la situación para pedir que el Ejército saliera a las calles, puesto que los carabineros estaban desbordados. Pero dos miembros de la Junta de Gobierno, entre ellos el jefe de carabineros, general Rodolfo Stange, rechazaron la proposición. Según Stange, las tropas no están preparadas para ejercer una función policial y como no hay estado de emergencia, es injustificable su presencia en las calles. El jefe naval y miembro de la Junta almirante José Toribio Merino descartó la aplicación del estado de excepción.

La oposición consideró la petición de patrullaje de las tropas como un pretexto para ocupar militarmente la capital en vísperas de las elecciones. La derecha también criticó la idea. El rechazo unánime abortó por ahora la maniobra de los sectores más duros del régimen. Finalmente, el Gobierno decidió aumentar sólo la vigilancia policial en las calles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de noviembre de 1989