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Reportaje:

El cuerpo pide siesta

Un estudio ofrece la primera conclusión de que la siesta es un proceso cerebral para mejorar el ánimo

El cuerpo humano está predispuesto para la siesta a media tarde, según afirman algunos investigadores que han estudiado los ritmos biológicos del sueño y la vigilia. El prudente disfrute de siestas podría ser la clave para mantener despiertas a personas como conductores de camión o médicos, profesiones que requieren de forma urgente estar en estado de vigilia. Al parecer, la siesta también podría ayudar a conseguir un mejor estado de ánimo.

El interés científico por la siesta surgió casi por casualidad al intentar vanos investigadores discernir los diferentes ciclos de somnolencia y vigilia que se producen a lo largo del día. Un número considerable de estudios, con métodos que van desde el registro de ondas cerebrales hasta el apunte minucioso de períodos de somnolencia, han conducido a la sorprendente conclusión de que hay una fuerte predisposición biológica al sueño durante la primera mitad de la tarde, incluso en personas que han dormido una noche completa; Las siestas que tienen efectos saludables para la salud, son las que duran, entre 30 y 90 minutos. Aunque mucha gente piensa que la somnolencia de primera hora de la tarde viene producida por comidas copiosas, las investigaciones indican que no es así. Según Roger Broughton, profesor de neurología de la universidad de Ottawa, la disminución que se detecta en el estado de vigilia y en la viveza intelectual se produce con o sin comida. Según este neurólogo, este estado depende sólo de la hora del día. "Parece como si la naturaleza obligase a los adultos a echar una cabezadita a mitad de la jornada, probablemente para evitar el sol más fuerte de esas horas", opina William Dement, director del Centro Clínico de Investigación y Desórdenes del Sueño de la Universidad de Stanford (California). Dement hace esta observación en la introducción de Sueño y vigilia. Aspectos cronóbiológicos, médicos y de comportamiento de la siesta, primera publicación que recopila estudios sobre la siesta. Hasta 1986 no se hizo pública la primera prueba concreta de que el cuerpo tiene la necesidad interna de la siesta. Aquellos estudios fueron realizados por Scott Campbell, actualmente en el Instituto de Fisiología Circadianade Boston, junto con otros investigadores del sueño del Instituto Max Plank de Múnich. Para hacer estos estudios, los investigadores situaban a voluntarios a una misma hora en habitación situada en un sótano sin relojes ni instrumentos que les permitiera tener cualquier tipo de evidencia sobre si era de día o de noche. Siguiendo sus propios ritmos, los voluntarios solían dormir, en dos períodos: un sueño largo durante la noche, y un período de dos, o tres horas durante la tarde.

A las tres de la tarde

Como promedio, la siesta comenzaba horas después de la mitad del período principal de sueño. Por ejemplo, alguien que durmiese desde las doce de la noche hasta las seis de la mañana, estaría altamente predispuesto a dar una cabezada alrededor de las tres de la tarde. Según Broughton, "éste estudio ofrece la primera conclusión de que la siesta es un proceso generado internamente por el cerebro, como una parte más del reloj biológico que regula los ciclos de sueño y vigilia,". Broughton, añade otra serie de experimentos que hacen que resalte la importancia, de la siesta. Así, en culturas en las que la siesta es una costumbre, ésta tiene lugar a primeras horas de la tarde. Por otra parte, existe una abultada documentación que demuestra la caída del rendimiento en el trabajo que se produce a primeras horas de la tarde, junto con un incremento del número de accidentes laborales achacables a la somnolencia. En investigaciones más recientes, Peretz Lavie, investigador del sueño en el Instituto de Tecnología de Haifa, se han señalado nuevas pruebas que evidencian la necesidad de la siesta. Para realizar estas investigaciones los voluntarios controlados por Lavie eran sometidos a ciclos de sueño/vigilia de 20 minutos, en los que dormían siete minutos y permanecían despiertos durante otros trece durante varios días. Mediante este experimento, Lavie determinó la rapidez con que se cae dormido a diferentes horas del día. Segun Lavie, además de la predisposición normal a dormir durante la noche, se observa también un pico a primera hora de la tarde en cuanto a la necesidad de sueño se refiere. Este pico se produce entre dos picos del periodo de vigilia; a saber, durante la mañana y al anochecer. Es en estos dos momentos cuando resulta más difícil conciliar el sueño, incluso en este caso de aquellas personas que no han podido dormir la noche anterior.

El peor enemigo

Mientras que la siesta es común en las culturas que se han desarrollado en climas tropicales, parece ser qué su práctica está disminuyendo como consecuencia de los procesos de industrialización. En un estudio panorámico sobre hábitos del sueño en diferentes países, Wilse Webb, psicólogo de la universidad de Florida, y David Dinges, investigador de la universidad de Pensylvania, establecieron que, a medida que los países se industrializan, los Gobiernos intentan acabar con la siesta mediante una redistribución de los horarios de trabajo de la tarde. Si la conclusión de Dinges es cierta, esta opción puede ser errónea. Y añade,. .«Si uno no ha dormido bastante por la noche, una siesta mejorará el nivel de atención durante la vigilia y dará la sensación de mayor energía para emprender varias tareas".Entre las capacidades mentales que se ven alertadas gracias a la siesta hay que citar la de tener una atención sostenida frente a una tarea, así como la que permite la adopción de decisiones complejas. Esta mejora en las capacidades es notable en el caso de aquellas personas que no han dormido lo suficiente la noche anterior. En quienes han descansado lo suficiente, el principal beneficio que se deriva de la siesta es más una mejoría de humor y estado de ánimo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de septiembre de 1989