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ADIÓS A LAS ARMAS

Del 'boom' a la bancarrota

La distensión Este-Oeste hace que el gigantesco complejo militar-industrial comience a desmoronarse

Las empresas de armamento militar han despedido en EE UU a miles de trabajadores. En Francia, la fábrica de artillería del grupo GIAT se está manteniendo abierta gracias a un pedido de obuses del Ejército francés. En el último mes en Israel se han enviado 1.300 cartas de despido en tres empresas de defensa. "El mercado militar ya no es lo que era", suspira un ejecutivo israelí, ya desanimado. Mientras que estos acontecimientos pueden animar a un público que odia y teme la guerra, originan lamentos en las salas de juntas de muchos de los gigantes del mundo aeroespacial.

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Los Gobiernos están disminuyendo sus déficit presupuestarios; ha habido una reducción sensible de conflictos regionales que ha originado la disminución en las exportaciones; las negociaciones Este-Oeste sobre reducción de armamento reciben impulso. Como consecuencia, el gasto internacional en armamento ya no crece al ritmo acelerado de los inicios de la década, y en algunos países ha caído en términos reales (calculado en dólares, en términos constantes).Los pedidos de EE UU y de la mayoría de los países europeos han sido reducidos en todo tipo de armamento.

Según un informe del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, con sede en Washington, el número de empresas que trabajan para el Pentágono ha pasado de 120.000 en 1982 a 40.000 en 1987. George Bush ha dado el alto decisivo al gasto desenfrenado de la etapa de Reagan -dos billones de dólares en ocho años- El presupuesto de Bush para 1990 destina 291.000 millones de dólares a defensa, sólo el 1% más que el año anterior y que ni siquiera acompaña a la inflación.

Presupuestos y costes

En los otros países de la OTAN el cuadro es parecido. En Canadá, se anunció un aumento de sólo 116 millones de dólares en su presupuesto militar que no cubre los crecientes costes de varios provectos militares. El Gobierno francés prevé una reducción en los gastos militares de 6,8 millones de dólares (de los 73.000 millones totales) en cuatro años. El gasto anual del Reino Unido en equipamiento militar se ha mantenido en los 13.000 millones de dólares desde 1985.

Si el presupuesto para 1991 del secretario de Defensa de EE UU, Richard Cheney, es aprobado por el Congreso, varios sistemas de armamento serán suprimidos. Entre ellos estaría el avión de combate de la Marina, el F-14D Tomcat, de Grumman; la nueva aeronave V-22 Osprey (despega como un helicóptero y vuela como un avión), un proyecto conjunto de Boeing y Bell Helicopter; el helicóptero de combate AH-64 de McDonnell Douglas.

El contrato Osprey habría supuesto 26.000 millones de dólares para Boeing y Bell en los próximos seis años, mientras que McDonnell Douglas dejará de recibir unos 1.600 millones a causa de la supresión gradual del AH-64. Paralizar la línea Tomcat significaría que la empresa Grumman dejaría de ingresar 7.000 millones de dólares en los próximos siete años. El Pentágono ha propuesto aplazar por un año la fabricación del bombardero B-2 Stealth (545 millones cada uno) de Northrop, que, junto con otros retrasos, podría causar unos problemas financieros serios para la empresa.

Reducir plantilla

A finales de mayo, Hughes Aircraft de Los Ángeles (que en 1988 tuvo unos ingresos de 7.400 millones de dólares) anunció el despido de 6.000 de sus 75.000 empleados. Se espera que Northrop (con 5.800 millones de dólares de ventas en 1988) despida hasta 3.000 trabajadores antes de finales de año. La Grumman Corporation (con 3.650 millones de dólares de ventas) ha anunciado 3.100 despidos después de haberse cancelado en diciembre el pedido de A-6G Intruder, una versión del bombardero de la Marina que ha sido de las más importantes desde los años sesenta. La empresa, con sede en Nueva York, tendrá mayores problemas si Cheney logra su propósito de suprimir gradualmente el F-14 y el EA-6B Prowler, un avión de contramedidas electrónicas.

En Francia, el Groupement Industriel des Armaments Terrestres (GIAT), estatal, que fabrica armamento terrestre, planea reducir en 1.200 su plantilla de 15.000. Otra víctima es el gigante Avions Marcel Dassault-Breguet Aviation, fabricante de la serie de bombarderos Mirage. El valor de sus exportaciones disminuyó de 3.200 millones de dólares en 1985 a 1.500 millones en 1986. Las ventas se recuperaron el pasado año (2.200 millones de dólares), pero hay pocos especialistas en la industria dispuestos a asegurar que la época dorada vuelva. La dura realidad para Dassault: 2.200 despidos, cadenas de montaje paradas y los beneficios del pasado año reducidos un 24%, a 24 millones.

El Reino Unido ha tenido más suerte. El verano pasado dio un paso más en un supernegocio con Arabia Saudí de 24.000 millones de dólares. Los saudíes van a comprar 72 bombarderos Tornado y 172 helicópteros Hawk de la British Aerospace, más otros helicópteros, dragaminas y ayuda técnica en la construcción de dos bases aéreas.

En febrero, la British Aerospace (con unos ingresos de 9.600 millones de dólares en 1988) anunció que antes de finales del próximo año va a despedir a 2.500 empleados de la filial especializada en la electrónica de defensa. A principios del verano, la filial de la GEC, Marconi Underwater Systems, anunció una propuesta para cerrar la fábrica de componentes para torpedos situada en el sur de Inglaterra, en la que se eliminarán 420 puestos de trabajo. El motivo es que el Gobierno planea suprimir el torpedo pesado Tigerfish (500.000 dólares cada uno) de su armamento submarino.

El Reino Unido es uno de los países europeos que está intentando revertir el cuadro de pérdida de empleo con una política de ventas en el extranjero cada vez más agresiva. Empresas alemanas y escandinavas tienen sus agendas llenas de pedidos extranjeros. Según los estudios, en los años ochenta, el 61 % de las importaciones mundiales de armamento fueron realizadas por países no occidentales: Irak, la India, Arabia Saudí, Japón y Egipto encabezaron la lista de 1984 a 1988. Japón aumentó su presupuesto militar de 19.800 millones de dólares en 1986 a 27.800 millones en 1989.

Según el Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo, el valor de las importaciones de armas durante el pasado año era de 34.000 millones (en dólares, en términos constantes de 1985, comparados con 39.600 millones en 1987). Esta reducción se debe a que hay menos conflictos locales, como la guerra Irán-Irak, a la baja del petróleo, que genera menos petrodólares, y a una disminución del poder adquisitivo del Tercer Mundo por su deuda externa.

Además, los vendedores de armamento occidentales se están enfrentando a un incremento de la competitividad con la inclusión en el mercado de los países en desarrollo. "Todo hijo de Dios está fabricando armas militares", comentó un vendedor norteamericano, "por eso la competencia es tremenda". Los nuevos exportadores de armas incluyen Brasil, Argentina, Corea del Sur, China, Taiwan, la India y África del Sur -y sus importaciones están disminuyendo-. Los soviéticos pusieron a la venta sus mejores bombarderos, el MIG-29 y el Sukhoi Su-27, en la Feria Aeronáutica de París.

Dos frentes

Las empresas de la Europa occidental están luchando en dos frentes: la consolidación y la diversificación. La mayor fusión en el ámbito de defensa puede ocurrir en Alemania Occidental, donde el gasto en defensa del Gobierno se ha mantenido (26.600 millones de dólares en 1989 y 25.600 millones en 1988), pero las exportaciones han crecido recientemente. La fusión uníría Messerschmitt-Bölkow-Blohm, que fabrica avíones, y el fabricante de coches Daimler-Benz AG. Se espera que sea aprobada este año.

El Reino Unido, Alemania Occidental, Italia y España son socios en un proyecto con un valor de 32.000 millones, para construir un bombardero europeo. British Aerospace, la Aerospatiale francesa y la MBB alemana están trabajando juntos en un arma antitanque dirigida, aunque se rumorea que será cancelado antes de llegar a ser fabricado a causa de los enormes costes.

Cuando esté todo más tranquilo, seguramente habra una dificil reestructuración en la industria armamentista. Como dijo John Rittenhouse, vicepresidente de General Electric Aerospace, en la Feria Aeronáutica de París, "hay un nuevo orden mundial, estamos en una era muy diferente de cualquier otra que hayamos vívido. Las compañías que sean demasiado lentas o cautelosas se quedarán atrás. El precio que hay que pagar por un mundo menos militarizado es el sentimiento de inseguridad entre los ejecutivos y trabajadores de la industria de armamento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de septiembre de 1989