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RELEVO EN EL AYUNTAMIENTO DE LA CAPITAL

Rodríguez Sahagún estrena la alcaldía de Madrid con buenas intenciones y sin un programa claro

P. MONTOLIÚ / C. FRESNEDA Agustín Rodríguez Sahagún no pudo ocultar su nerviosismo cuando tuvo en sus manos el bastón de alcalde de Madrid. Eran las 15.13 de ayer y el candidato del centro-derecha acababa de ganar la moción de censura (29 votos a 24) contra el socialista Juan Barranco, que ha llevado las riendas de la capital durante tres años y medio. Rodríguez Sahagún, que obtuvo el 14,8% de los votos como candidato del Centro Democrático y Social (CDS) en las municipales de 1987, se estrenó como alcalde con un discurso genérico en el que se comprometió a fomentar la vivienda social y a luchar contra la especulación. Barranco se despidió con un parlamento muy crítico contra los centristas, en el que dijo esperar "que las urnas vuelvan a ponernos a cada uno en su sitio".

"Creo que hacemos bien, pero lo siento por tí". José María Álvarez del Manzano, portavoz del PP y desde ayer primer teniente de alcalde, estrechó cálidamente la mano de su oponente. Faltaban segundos para que comenzara el pleno y a Barranco se le habían empañado los ojos.Casi tres horas después, el ex alcalde borró de su rostro cualquier huella de resignación y arrancó con una voz firme y sonora: "No me voy a extender sobre las características personales de Rodríguez Sahagún (...) No voy a recordar su acreditado historial de torpezas gubernamentales; ni voy a valorar su acrítica fidelidad a su jefe político".

Barranco lanzó numerosos dardos contra los miembros del CDS. "Son tan audaces en la demagogia como ambiguos en la ideología (...) Resultan ser expertos en ese rancio hábito que consiste en hablar por la izquierda para actuar por la derecha (...) Nos han obsequiado durante dos años con el comportamiento del perro del hortelano".

El edil socialista recordó que Rodíguez Sahagún será alcalde con menos de la mitad de los votos obtenidos por su socio Álvarez del Manzano, "que ya tiene acreditada su capacidad de hacer de tripas corazón".

El último adiós de Barranco como alcalde rompió la tónica general de un debate en el que las pasiones políticas se derritieron en el calor del salón de plenos. Los concejales se esforzaron en olvidar pasadas rencillas y no dar la penosa impresión ofrecida en la reciente moción contra Joaquín Leguina, que fue calificada como "algarabía bananera".

Lo lograron, aunque redujeron la censura a un aburrido trámite. Sólo la entrada en escena en silla de ruedas de Elena Utrilla, concejala popular que fue madre el miércoles, y alguna chispa fugaz aliviaron el tedio.

El discurso de Barranco dejó la votación vista para sentencia. Los concejales, por acuerdo del CDS y PP, tuvieron que decir y no uno a uno y en voz alta. No hubo sorpresas. Los dos concejales de IU votaron a su propio grupo, como habían anunciado.

El secretario general proclamó al nuevo alcalde y Barranco, ya como nuevo jefe de la oposición, se sentó en los bancos socialistas.

Líneas generales

Rodríguez Sahagún prometió su cargo, se colocó el collar de presidente de la Corporación y tomó temblorosamente la vara de alcalde. En los primeros instantes de su intervención se puso y se quitó varias veces las gafas.

Durante media hora, el nuevo alcalde habló sobre todo de las líneas generales de actuación y de las buenas intenciones de su equipo. Su primer compromiso fue la creación de una oficina de protección del vecino, pero no detalló su contenido y funciones.

En la recta final del discurso enunció una batería de acciones: potenciación del transporte público, aumento del gasto social, campaña choque de limpieza, teléfono ecológico, plan de protección civil... Anunció también "una política decidida contra la especulación del suelo y a favor de la vivienda social'.

Rodríguez Sahagún dejó en el aire cerca de una decena de preguntas sobre las condiciones de trabajo, vivienda, creatividad y comunicación de esta ciudad. "A estas u otras cuestiones debe dar respuesta ese proyecto de futuro que nos hemos propuesto desarrollar", dijo el nuevo alcalde.

La defensa de la moción -una larga lista de incumplimientos- había sido realizada por Álvarez del Manzano, cuya intervención fue apoyada con los mismos argumentos por el centrista José Luis Garro.

El hasta ayer primer teniente de alcalde, Luis Larroque, atacó al nuevo equipo de gobierno y calificó su programa como "un tebeo para preescolares". Larroque, en tono sarcástico, calificó las intervenciones de sus oponentes de "acto de trámite" y de "faena de aliño", y criticó la falta de ilusión de sus discursos.

Francisco Herrera, portavoz de IU, se desmarcó de todos con duras críticas contra el centroderecha y contra los socialistas. "Sólo estaría justificada una moción de censura desde la izquierda", dijo.

Herrera calificó de oportunistas al PP y al CDS y se lamentó en público del cambio de trincheras de su ex compañero Ramón Tamames, que votó ayer a favor de un alcalde de centro-derecha.

Más información en la página 30

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de junio de 1989

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