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La ópera de la Bastilla

Si no se presta atención podría ser confundida con una piscina o con un edificio de oficinas. Pero en cuanto se entra en la Ópera de la Bastilla, a punto de terminarse las obras, uno se siente subyugado por la belleza de la gran sala, la nobleza de los materiales empleados -granito de tres tonos diferentes y una cálida madera de peral-, la calidad de la luz, que parece natural, y la relación escenario-sala perfectamente calculada. Sin hablar del foso para la orquesta (es posible incluso cubrirlo, como el de Bayreuth) y del bastidor de la escena, modulable en función del repertorio, así como decorados distintos y preparados para su empleo, que se podrán montar en la gran sala o en la sala de ensayos en un instante, favoreciendo así la sacrosanta alternancia. Y como el dispositivo es simple, no hay ningún motivo, según los arquitectos, para que no funcione. Ahora queda por saber qué se va a hacer de un lugar tan impresionante como esta ópera. Una excelente solución consistiría en convertirla en sede de la Orquesta Filarmónica de Radio Francia y de Marek Janowski, un pool de músicos que permitiría asegurar con la ópera actual las veladas de ballet y los espectáculos líricos. Pero los nuevos responsables de Radio Francia se han opuesto a este proyecto en el que hasta los músicos habían estado de acuerdo. Como ha dicho Janowski tras esta decisión, los franceses en materia musical son unos aficionados alegres.

13 de mayo

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