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Crítica:CINE

Un modelo de comedia

Preston Sturges, cineasta hoy olvidado por la mayoría y recordado casi exclusivamente en cenáculos de cinéfilos, fue en sus grandes tiempos -entre 1940 y 1945, precisamente los años de la guerra mundial, lo que no puede ser casual- un cinciasta, director y escritor de comedias con gran éxito y mucha audiencia.A Preston Sturges se le consíderó heredero de Errist Lubitsch, cosa que analógicamente es cierta. No obstante, si bien ambos tenían estilos cercanos y Sturges hizo suyos lugares de Lubitsch que luego acabaron siendo recíprocamente comunes (casi otro tanto puede decirse de Billy Wilder), sus concepciones de la vida y sus ádeas acerca de la gente eran bastante dispares.

Lubitsch nació en la pequeña burguesía judía centroeuropea y se formó a primeros de siglo en el polvo de los escenarios del teatro berlinés. Sturges, nació en una rica y culta familia de la alta burgesía de Chicago yse formó tetralmente fuera de ¡os escenarios, escribiendo comedias para compañías de Broadway en los últimos años veinte y primeros treinta. Su éxito como comediógrafo le valió un billete sin vuelta de Nueva York a Los Ángeles, donde sus habilidades como argumentista y dialoguista le convirtieron en guionista ágil y cotizado. Lubitsch no era guionista de sus filmes, en los que asumía guiones ajenos, de los que era un extraordinario corrector, con gran sagacidad para llevar la escritura de otros a su propio molino. Sturges, en cambio, fue siempre, y por encima de todo, un guionista de genio. Esto marcó a uno y a otro: sus afinidades finales tienen como frontera esta diferencia de inicio.

Las tres noches de Eva (Lady Eva)

Dirección y guión: Preston Sturges.Fotografía: Vietor Milner. Música: Leo Shuken. Estados Unidos, 1941. Intérpretes: Barbara Stanwyck, Henry Fonda, Charles Coburn, Eugene Pallette, William Dernarest, Enric Blore, Martha O'Driscoll. Estreno en Madrid: cine Bellas Artes, en versión original subtitulada.

Antología del género

De su dominio del guión saltó Sturges a la casi entera autoría de sus filmes en 1940. En cinco años realizó ocho películas pletóricas de talento: tanto de sí mismo dio en ellas que vaciaron en parte a su obra posterior, de nivel más bajo que la inicial. Las tres noches de Eva es el tercer filme de este gran periodo de Sturges y uno de los más esquinados, originales, divertidos y, bajo especie risueña, más graves: casi a la altura de su obra maestra, la dura y escéptica Los viajes de Suffivan, una de las películas más serias y rotundas deaquellos grandes años de Hollywood.Las tres noches de Eva es una comedia arquetípica, un modelo. Lo contiene todo, es una antología del género. Discurre sobre dos planos de representación: por una parte, el diálogo a varias voces entre Barbara Stanwyck (que alcanza aquí la perfección) y Henry Fonda; y por otra, un coro a una sola voz del conjunto de los personajes de apoyo o de reparto. Del dificil trenzado entre aquel y este hilo le sale a Sturges una obra de envidiable equilibrio, lo que -si se añade que este equilibrio sostiene una desequilibradísima, casi desquiciada, situación- aumenta los quilates de su oro cinematográfico.

Las tres noches de Eva es una maravilla de conjugación de rigor con ingenio, del dibujo de tiralíneas con el brochazo de la ocurrencia. Un corrosivo juego donde Sturges, como en Suffivan, propone, incrustada en la ligereza, cuestiones de peso mayores: el entrelazado e interacción de la ficción con la realidad y, sobre todo, la idea de que la crueldad es el terreno genuino del amor, convertido aquí en un juego de engaño y de poder, un asunto nada sentimental, sino, bajo suaves formas irónicas, desalmado, cínico, práctico, depravado incluso. Grandísima comedia clásica, gran filme irrepetible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 28 de abril de 1989

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