Felipe alía orgullo con prosperidad

Si González es o no un verdadero socialista no hace, a mi juicio, al caso: un asunto que puede ser discutido interminablemente sobre largas y tardías cenas en Madrid pero que tiene poca importancia para el futuro de España. El país atraviesa una rápida transición. Su líder tiene que avanzar con los tiempos. No puede pararse continuamente a comprobar la pureza ideológica de sus políticas. Lo único que puede hacer es esforzarse porque progreso económico y justicia social avancen de la mano.En el caso de España tiene también que asegurar que una nación antaño atrasada está preparada para hacer frente al reto planteado por el mercado único europeo en 1992. La necesidad de España para mantener su actual ímpetu económico hasta y más allá de 1992 explica por qué González no tiene intención de ceder ahora ante los sindicatos aunque ello suponga tener que enfrentarse a un estallido de nuevas huelgas este año.

Se puede argumentar que González no es un verdadero socialista, pero ha conseguido indudables logros sociales, como el descenso del paro o la extensión de la educación y la seguridad social. Él confía en que podrá vencer el desafio sindical, y probablemente tiene razón. Por mucho que los españoles critiquen alguna de sus políticas, para muchos González es ahora el hombre adecuado en el lugar justo para el tiempo justo de España.

25 de febrero

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