Lejos de Europa
C. F., Al sistema de transporte metropolitano de Madrid aún le quedan años para ponerse a la altura de las principales capitales europeas. La falta de coordinación entre el metro, el autobús y el ferrocarril de cercanías ha dejado una triste herencia: la dificultad cada vez mayor para acceder al centro de la ciudad desde la periferia.
Madrid dispone de contadísimos aparcamientos disuasoríos a pie de estación, algo que es moneda corriente en las grandes áreas metropolitanas desde hace más de una década. Y los escasos aparcamientos tienen insuficientes plazas, están mal ubicados o no cuentan con una mínima vigilancia.
¿Resultado? Los propietarios de vehículos privados, que sufren habitualmente de una fobia endémica hacia el transporte público, se niegan a abandonar sus coches. Tienen excusas casi perfectas: temor a los robos, falta de sitio, rodeos inútiles...
Otro capítulo pendiente del sistema de transportes de Madrid es la competencia que durante años han entablado el metro y el autobús, en una carrera absurda bajo tierra y en superficie por llegar antes al mismo puerto.
El Consorcio y la Empresa Municipal de Transportes (EMT) trabajan desde hace meses en una revisión a fondo de las líneas de autobuses. Al final se impondrá la lógica, y la EMT cumplirá la función reservada a los autobuses en la ciudad: cubrir todas las lagunas del metro.
El penúltimo invento se llama intercambiador de transporte, esto es, la rápida conexión entre autobús, metro y tren. Lo que ya funciona a medias en Atocha y está previsto construir en la plaza de Castilla, Méndez Álvaro y Príncipe Pío lleva años de rodaje más allá de nuestras fronteras.


























































