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El ajuste de la crisis

S. A. / J. C. El Banco Bilbao Vizcaya ha resuelto su primera crisis interna dentro del proceso de fusión con un nuevo reparto de poderes en el que los dos consejeros delegados acumulan mayores responsabilidades y se corrige algo el desplazamiento que los hombres del Bilbao habían sufrido en una primera fase.

Alfredo Sáenz mantiene su papel en Banca Catalana y asume las responsabilidades de banca comercial y de medios de pagos. Javier Gúrpide, por su parte, ha añadido a lo que ya venía haciendo el control sobre las empresas participadas del grupo y además será el responsable del Banco de Comercio, la segunda gran marca del BBV. Carlos Gorría, hasta ahora presidente del Banco de Comercio, pasa a asumir el control ejecutivo de Banca Catalana. -

Todos estos cambios fueron estudiados, y no hechos públicos, por la comisión ejecutiva del BBV y el consejo de administración del 21 del pasado mes de diciembre. Fuentes cercanas al banco señalan que la reunión de la ejecutiva duró mucho más de lo previsto y que por ello el consejo de administración se retrasó hasta la tarde de aquel día.

A lo largo de ocho horas, los miembros de la ejecutiva tuvieron que poner orden a los problemas internos que se habían detectado con anterioridad y que provocaron la creación de una comisión de crisis para analizar las causas de las tensiones detectadas y que habían salido a la luz con la marcha de Juan Manuel Urgoiti del BBV y los nombramientos decididos por los consejeros del Vizcaya para sustituir a Urgoiti y a Francisco Luzón dentro de las atribuciones que les reconoce el protocolo de fusión.

Pero al margen de este proceso de nuevos reajustes en el proceso de fusión, la posible decisión del Banco de España de autorizar el pago de un dividendo a los accionistas de Banca Catalana, aunque sea simbólico, sorprende porque es la primera vez que esto ocurre con una entidad que aún tiene ayudas públicas para que culmine su proceso de saneamiento.

En el contrato de venta de los procesos de saneamiento de barcos en crisis se incluía siempre una cláusula por la que, sin prohibir expresamente el reparto de un dividendo, se dejaba claro que era incompatible con la existencia de ayudas. En el de Catalana se señalaba que si se quería repartir un dividendo antes de 1989 era preceptivo que el Banco de España diera su consentimiento a la luz de que la entidad haya culminado el proceso de saneamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de enero de 1989