Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

'El Pegolí'

El artículo de Manuel Vicent aparecido en el diario del pasado domingo 4 de septiembre, titulado El Pegolí, me ha sugerido una serie de reflexiones en torno a la evolución cuasi darwiniana que pueden experimentar las personas y todo lo que ellas representan (ideas, actitudes, apariencia, etcétera). Y es que, en este mundo, la fidelidad, en cualquier aspecto, ya no se lleva, es una rareza a extinguir. Manuel Vicent, espero equivocarme, creo que me ha sido infiel. Yo, que le descubrí cuando escribía en Hermano Lobo, y me dije: 'Este tío destaca', y que posteriormente siguió deslumbrándome con su prosa incisiva y sarcástica, creo que, como no se corrija, le voy a abandonar también. Atisbo que se está convirtiendo en un descreído, que ha tirado la toalla, que piensa que esta vida son dos días y a vivir, y tal vez por esto haya dejado de fumar, para alargar la vida y de esta forma conseguir la concentración del placer.Que eso no se hace, hombre, alardear de una comilona a restaurante cerrado en compañía de insignes personas que también denotan claudicación por semejante felonía, y decir que se les apareció Dios en persona en tal vulgar situación gastronómica. Me imagino que Raimon cantaría Societat de consum, invalidando todo el cortejo de contestación que su carrera de cantautor tiene. Y Vázquez Montalbán, con palabras de Triunfo, haría una brillante disertación culinaria. Hay que ser más discretos, más prudentes, más sensatos. Hay que divertirse, pero no sacar conclusiones que ofenden a la ética y a la estética.

A la larga lista de personas que me han decepcionado por su metamorfosis (Felipe González con su Azor y su OTAN, Alfonso Guerra con su huera locuacidad, por citar dos de los ejemplos más preclaros) no os suméis vosotros también, por favor, porque al final, por númetismo, yo también acabaré por convertirme en un replicante más.-

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_