El viajero de Venecia
Soy un veneciano que reside temporalmente en Tenerife, y en relación con los artículos aparecidos en la sección Viajeros de verano referidos a Venecia, en los días 22 y 23 de agosto, y escritos por Javier Marías, quisiera hacer algunas puntualizaciones. Estoy de acuerdo en cuanto a la descripción que hace de Venecia, pero no así con su idea de los venezianni, que pienso deja mucho que desear.
Creo que el señor Marías, para conocer y hablar de los venezianni, debería conversar con la gente de la calle; ésta es, sin duda, el alma de la ciudad. Cuando escribe que los venecianos toman el aperitivo en la heladería Paolin y por la noche van a Campiello; o cuando dice que la playa familiar a la cual van los venecianos cuesta cinco millones de liras por temporada, y en agosto van a las Dolomitas; o que las mujeres se visten de seda y van cargadas de joyas. Esto no es verdad. Y ahora le explico el porqué.
La mayor parte de los venecianos, entre los cuales me incluyo, no va a tomar el aperitivo a Paolin, sino a cualquier bodega a beber vino y cicchettare (picar), sitios éstos válidos para hombres, mujeres, jóvenes y viejos. No es cierto lo que dice de que por la noche van a Campiello. Mis amigos y yo, así como la mayor parte de la gente de la calle, nunca hemos puesto el pie en Campiello, y no por dinero, sino porque hay sitios más interesantes en Venecia donde poder ir.
Con respecto a que el alquiler de la caseta en la playa cuesta cinco millones de liras, estoy de acuerdo, aunque también es verdad que son muy pocos los privilegiados que las frecuentan, ya que hay muchísimas playas que cuestan menos, y éstas son, por lo general, a las que el pueblo va, y no vestido de seda y enjoyado, sino normalmente. Y si el señor Marías escuchara la voz de estas gentes quizá entendería mejor a Venecia y sus habitantes.
Y siguiendo con la historia de las Dolomitas puedo entender con qué clase de gente se ha relacionado el señor Marías para escribir su artículo. Todo el mundo sabe que el veneciano que tiene dinero va al Excelsior y en agosto a las Dolomitas. Yo, como la mayoría de mis paisanos, me quedo en Venecia, en el campo o la plaza, soñando con las Dolomitas y las playas de cinco millones de liras, que para los comunes mortales (léase gente de la calle) no llegarán nunca.-
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