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Los mismos actores en distintos papeles

Un seminario de banca reveló hace cinco años los móviles de las fusiones y los retos de la banca

Hace cinco años, un seminario de banca en Santander sirvió como eje de debate sobre la crisis bancaria española y el saneamiento del sistema financiero. Este año, y con un billón largo de pesetas de coste en el camino, los mismos actores se han vuelto a reunir en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Este verano, el seminario se denominó La banca española, en la Europa de los años noventa. En honor a la verdad, si se pudo llamar así fue porque en el camino quedó una crisis bancaria incontrolada, con sus respectivas asignaturas pendientes.Así las cosas, el seminario sirvió para dos claros fines. El primero, acotar el problema de la dimensión de las entidades financieras españolas. El segundo, señalar los retos inmediatos, centrados en la apertura de los mercados europeos a través del mercado único.

Fue la dimensión la que acaparó buena parte del interés de los asistentes. Probablemente por reunir a dos de los actores de modelos disímiles en materia de banca: de un lado, al fusionista Pedro Toledo, vicepresidente del Banco Bilbao Vizcaya. Del otro, al aislacionista Luis Valls, presidente del Banco Popular.

A grandes rasgos, el representante de la fusión de los bancos Bilbao y Vizcaya adjudicó como única ventaja real a las fusiones el abrir la oportunidad, justificada por el proceso, de colocar al frente de una gran entidad los mejores gestores posibles, sentando las bases para hacer las economías que el futuro de la competencia exigen a los bancos españoles, se fusionen o no.

Dentro del proceso de fusiones auspiciado por el Gobierno, que entre otras cosas pretendía remozar las cúspides de algunos de los grandes bancos españoles por antonomasia, la del Bilbao-Banesto, sacudió a la opinión pública por la batalla jurídica que supuso el intento de oferta pública de adquisición por parte del Banco de Bilbao. La otra, Vizcaya-Central, pasó inadvertida porque fue tardíamente ventilada por la Prensa, como la del Bilbao y fracasó por la cerrada oposición de la estructura ejecutiva del Central.

Toledo hizo girar sobre este eje la carrera fusionista española, y admitió que la primera vez que pensó en el tema fue ante una pregunta del presidente del Gobierno, Felipe González, en la UIMP, en un seminario de banca en 1985, en la que éste sugirió la necesidad de un mayor volumen dentro de la banca española. Sin embargo, el ponente descalificó el tema de la dimensión como impulso legítimo del proceso, salvo como matiz a la necesidad de simplificar los canales de intervención para la regulación y control monetario. "Para este objetivo, siete grandes bancos son muchos", señaló.

Un cono de sombra

Las reflexiones de Toledo dejaron inevitablemente en un cono de sombra la fusión Banesto-Central. Fundamentalmente porque ambos eran los débiles en el proyecto oficial de fusiones. La capacidad de gestión estaba, según esta posición, en los que ofertaron la fusión.En este último ejemplo el problema del poder, medido por la capacidad de control de las estructuras, no está resuelto y hay todavía un par der batallas en el horizonte. El desenlace más probable es un pacto trilateral para no bloquear el proceso en curso.

La pregunta sustancial es si este pacto, que debería concretarse a principios de septiembre, dotará al conglomerado de la paz suficiente como para acometer los cambios de gestión necesarios y quién dirá la última palabra en torno a ellos.

Los analistas del sector estiman que si esa paz no llega y el proceso se dificulta, un cuarto contendiente entrará en liza, concentrando en sus manos el poder operativo. Esta posibilidad supondría de hecho una drástica reducción de poder para las porciones de capital detentadas o sindicadas por Alfonso Escámez y su equipo, Mario Conde-Juan Abelló y Alberto Cortina-Alberto Alcocer.

Mientras, en el rincón neutral del cuadrilátero, y con un sentido del humor entre hiriente y socarrón, Luis Valls afirmaba que su banco llevaba 20 años buscando socio. Lo cierto es que el Popular quiere un acuerdo de colaboración que tome cuerpo en una participación minoritaria pero que dé derecho a representación y permita una participación en la gestión en cada país de la contraparte. Pero esta fórmula puede acabar en una toma de control indeseada.

El Banco Hispano-Americano, que avanza por el sendero de la recuperación, está en la posición de espera inefable. Su presidente, Claudio Boada, mantiene imperturbable un rumbo, y todos saben que el puerto más probable de su derrotero actual será otra entidad no necesariamente española.

El Banco Santander dejó clara su postura de tomar posiciones activamente en Europa, con los jalones de Alemania, Bélgica e Italia ya conquistados y los de Francia y Suiza en la mira.

El Banco Exterior de España, no está en la fila de las fusiones, y su presidente, Miguel Boyer, involucrado muy activamente en el saneamiento bancario desde su cargo de ministro de Economía, declaró en Santander que el esfuerzo actual se centra en reconvertir una estructura encaminada a la concesión de créditos a la exportación. "Una fusión supondría una decisión política del Gobierno que optara por perder control y mayoría en el Exterior", respondió Boyer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de agosto de 1988