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Crítica:XII FESTIVAL DE JAZZ DE VITORIA

Cara y cruz

Ante todo concierto doble, el cronista suele caer en la tentación de dividir en dos mitades idénticas la longitud de su comentario. Aparentemente es lo más equitativo, pero en este caso hacerlo así no se correspondería ni de lejos con la realidad de lo sucedido en el escenario del polideportivo alavés. Totalmente de acuerdo en que fueron dos mundos, pero la diferencia entre ellos fue tan abismal que resultaría del todo ilógico dedicarle al Project de Di Meola ni la mitad del espacio que merecía el Gang de Gadd.Di Meola sigue siendo un extraordinario guitarrista, pero a medida que pasa el tiempo va dejando más claro que no tiene nada que decir. Su música es cada vez más vacía, pura nadería servida en lo que quiere ser un sugestivo envoltorio de lujo y se queda en maquillaje barato. El guitarrista consiguió aburrir en Vitoria con sus aires brasileños, y sólo calentó un poco al personal cuando recordó los tiempos de Return to forever. Eso sí, Di Meola toca de maravilla, pero la cosa no da para más, y el público fue abandonando paulatinamente Mendizorroza.

Al di Meola Project

Steve Gadd and the Gadd Gang Polideportivo de Mendizorroza. Vitoria, 15 de julio.

Como teloneros actuaron los que conformaban el plato fuerte de la velada: la banda de Steve Gadid, un quinteto excitante sin paliativos.Gadd se ha reunido con cuatro viejos amigos, de esos con los que ha colaborado en cientos de aventuras, para interpretar la música que de verdad le gusta: puro blues y rhythm and blues alejado de modas y usos, despojado de florituras y falsos embellecimientos, así de sencillo y así de eficaz. Puro nervio servido con una contundencia bastante alejada de los estándares habituales.Los cinco hombres conocen todas las posibilidades del instrumento que llevan entre manos y saben cómo sacarle el mayor partido. Además, todos ellos se sumergen en esta historia con verdaderas ganas y convencimiento, como si finalmente hubiesen encontrado la válvula e escape que les compensara de tantas ingratas horas de estudio.

Creíble

El Gadd Gang no sólo es un grupo contundente, también es un grupo creíble, y eso es lo más importante. El bajo omnipresente de Edidie Gómez puntuó todos los temas con una precisión a prueba de bomba que le permitía a Steve Gadd evolucionar a placer a través de sus polirritmias. A su lado, Cornell Dupree se mostró como uno de los más eficaces guitarristas de blues del momento, aparentemente discreto, pero penetrante, mientras que Richard Tee hacía alardes de exuberancia tanto con el piano como con el órgano.Por último, pero no el último, queda Ronnie Cuber, uno de los poquísimos saxos barítonos capaces de convertir su pesado instrumento en algo liviano y danzante sin perder la gravedad de su tono: pura maravilla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de julio de 1988