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Crítica:
Crítica

Volvió la música de Bacarisse

MÚSICA CLÁSICA

Orquesta Sinfónica de RTVE

Director: Alexandre Myrat. Solistas: Rowena Arrieta, piano; Pedro León, violín ; Pablo Ceballos, viola, y Angel Luis Quintana, violonchelo. Obras de Raclimaninov, Bacarisse y Strauss. Teatro Real, 10 y 11 de marzo.

El programa de la Sinfónica de RTVE, encomendado al griego-francés Alexandre Myrat -que fuera discípulo de Markevitch, Nadia Boulanger y Max Deutsch-, presentó dos puntos de atracción: el reestreno de los Tres movimientos, de Salvador Bacarisse (Madrid, 1898-París, 1963), no interpretado desde antes de la guerra civil, y la actuación solista de la pianista filipina Rowena Arrieta, premio Iturbi 1986, en el Concierto en do menor, de Rachmaninov.La obra de Bacarisse, muy hija de su tiempo, concilia una intención neoclasicista, una forma al estilo del concerto grosso, de la que participó también la Sinfonietta, de Halffter, y un especial gusto por la disonancia directa, al modo de cierto Milhaud que desemboca en largas secuencias politonalistas. Hay, en el tercer tiempo -allegro molto vivace-, una clara voluntad nacionalista a través de aires en estilo popular ciudadano que es lo que luego denominaría Rodrigo "neocasticismo".

En el andante central encontramos al lírico "refrenado" que fue Bacarisse, más arriesgado y hasta enfant terrible en sus años españoles que durante las décadas de exilio en París. La excelente construcción, el curso fácil y, si se quiere, un tanto intelectualizado, de los Movimientos, quedó claramente explicado por los solistas Pedro León, violín; Pablo Ceballos, viola, y Angel Luis Quintana, así como por el resto de la RTVE, bien conducido por un tan experto en los diversos lenguajes de nuestro tiempo como es el maestro Myrat. La obra encontró en los asiduos de los jueves una acogida totalmente positiva, como lo fue -lógicamente- la dispensada a Rowena Arrieta (Manila,1962) por su versión del más efusivo y cinematográfico concierto de Rachmaninov. Con doble formación soviética y americana, la pianista hace un romanticismo rezagado transparente y sin excesos a la vez que resuelve la problemática técnica en su totalidad (no sólo la mecánica) con dominio fácil.

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