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Viajero de incógnito

Julien Green aparece a la hora en punto de la cita en la puerta situada al oeste de su inmenso salón, procedente de lo que se diría es la biblioteca. Al piso, donde vive con un hijo adoptivo de aire eficaz -nunca se ha casado-, se accede a través de un portal macizo que abre paso a lo que fue una cochera y con un ascensor de madera y cristal que desplaza todo asomo de impaciencia. Su calle es paralela a la histórica rue de Varenne, donde vivió durante décadas y de donde fue desplazado por la especulación- inmobiliaria. "El dinero es el veneno de nuestra época", dice, y se corrige: "Quizá lo haya sido siempre".Es zona de embajadas y de discretos ministerios, como el Hotel Matignon, residencia del primer ministro, y sus vecinos, a esa hora de una tarde gris, son ancianos que pasean a sus perros y policías que se resguardan del frío tras garitas de cristal.

Green viste un traje perfectamente cortado, el visitante es obsequiado con oporto, hay un silencio de auténtico lujo y la conversación baja obligatoriamente de volumen en unos sofás mullidos, de terciopelo. Pero Green tiene la virtud de la sencillez, un don de caballero. Se alegra como un novato al saber que su última novela está a punto de salir en España, país que conoce y del que recuerda, sobre todo, Córdoba y los jardines del Generalife a la luz de la luna. "Parece ser que viaja siempre de incógnito". Sonríe sorprendido. "No, en realidad es que no soy conocido". Ha viajado mucho y lo sigue haciendo. En los últimos años va mucho a Berlín, ciudad que-le atrae porque "el bosque entra en la ciudad por todas partes", y por su biblioteca formidable, "la más bella que conozco".

Green escribe sin pausa, todos los días desde que tenía 24 años. Corrige estos días las pruebas de imprenta del 13º volumen de sus diarios. Ha escrito 15 novelas, dos libros de relatos, cinco obras de teatro, siete ensayos, cuatro textos de recuerdos y tres obras en inglés. Es un clásico vivo. "Sería agradable si fuese cierto. Es también triste. Todos los demás han muerto".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de marzo de 1988