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Tribuna:

Martínez-Bordiú

Ha sido durante años/siglos la estampa penúltima del señoritismo madrileño, de la marquesanía bien llevada, entre valido y marqués, entre Barnard y Lola Flores. Ahora le han dado un homenaje con motivo de su jubilación.La cena ha sido en un hotel de Madrid, y el doctor Cristóbal Martínez-Bordiú recibió el homenaje de un grupo de amigos y colaboradores. Pelo hacia atrás, muy recio, traje de rayita, corbata de dibujito y la doble/triple barbilla de los galanes retirados o a quienes la vida va retirando. Está entre Nati Mistral y campeón amateur de golf. Amateur, amateur, siempre amateur y diletante de todo: de la vida, de la política, de la aristocracia, de las mujeres, del golf. Sólo profesional de la medicina, hay que reconocérselo: hizo el primer trasplante de corazón en España, aunque le saliera mal. También a Barnard le salían mal. Perdiendo se aprende. Asistió a su Suegro/caudillo hasta el último momento. Aparece en familia, junto a su santa esposa, siempre que el protocolo o la Historia lo exigen. Se metió en juicios con mi amigo Vilallonga y le condenaron a pagar una peseta.

Con la jubilación de don Cristóbal desaparece de Madrid el señorito/tipo, el madriles con marquesado, el personaje (modelo de tantos otro,) más accesible/asequible del franquismo, el último del pañuelo con reborde (y no con pico) en el bolsillo alto de la chaqueta.

Jubilar a Martínez-Bordiú es, un poco, jubilar el franquismo residual, que estaba ya tan jubilado. Dentro de las fidelidades familiares, Martínez-Bordiú nos ha resultado más fiel a Franco que a nadie, más fiel a su suegro que a nadie, y esto le honra en cuanto a coherencia personal y le jubila en cuanto a presencia histórica. En los felices 60, cuando entonces, estuve de audaz re portero en una operación de Villaverde, en la Concepción Se trataba de un joven obrero con el pecho abierto en canal. Villaverde contaba chistes y miraba las piernas, hacia arriba, a las estudiantes de medicina que asistían a su faena desde la lucerna. Pero la faena le salió perfecta. Luego, todavía con el disfraz de cirujano/ astronauta, le hice una entrevista. Tenemos amigos/enemigos comunes. Quizá era el último señorito madriles que nos quedaba, y le jubilan. Es una pena.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de febrero de 1988

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