París-Dakar
Un enorme ejemplo de la falta de sensibilidad y total insolidaridad hacia los países del Tercer Mundo es el que nos ofrece todos los años por estas fechas el carrusel del Rally París-Dakar.Disfrazado de prueba deportiva, se presenta un espectáculo que, arrastrando su parafernalia, recorre algunos países y zonas que pueden considerarse como los más pobres y depauperados del globo terrestre.
El despliegue de avances tecnológicos versus automóvil pasa ante los atónitos ojos de argelinos, mauritanos y senegaleses, dejando una estela de polvo como el mayor insulto y desprecio que nuestra cultura occidental se permite el lujo de hacer.
Nunca entendí cuáles eran los "valores de la cultura occidental" que tanto les gusta defender a nuestros políticos, pero ante espectáculos de este calibre yo renuncio.
Ah, y el último que apague la luz.- Juan Francisco Díez Casado. .


























































