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Vuelve a casa

Los niños trasladan su ansiedad a la noche de Reyes y, como los mayores, a veces crean unas expectativas excesivas que no siempre pueden cumplirse. Está demostrado que la publicidad ejerce sobre ellos una influencia que les lleva a identificar y pedir los juguetes por sus marcas antes que por las características de su contenido. Cuando el objeto tan deseado no llega, el 6 de enero puede ser el día de una doble decepción: la del niño y la del padre que no ha podido satisfacer la petición de su hijo.

En estas semanas parece que el cariño sólo se puede demostrar comprando. Los anunciantes saben que la fórmula del éxito es estimular, en sabias proporciones, los sentimientos del amor junto a los deseos de consumo.

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"Toda la publicidad", comenta Norma Ferro, directora de la Escuela de Psicología Clínica, "nos invita a hacer algo especial estos días, ya sea comprar por encima de nuestras posibilidades o ver forzosamente a la familia. "Conozco gente", añade, "que llora viendo los anuncios de televisión, porque no siempre los hijos vuelven a casa por Navidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de enero de 1988