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GENTE

Francisco López Pérez,

cura párroco de la iglesia de una barriada de Las Palmas de Gran Canaria, ha decidido prescindir del agua bendita en su templo para impedir que los heroinómanos del vecindario utilicen el agua bendita para lavar sus jeringuillas. El cura párroco, que introdujo el pequeño cambio de culto sin conocimiento del obispado, explicó el domingo pasado a sus feligreses las razones de su decisión, más higiénicas que teológicas.

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