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Tribuna:

Evitar-reducir-apagar incendios

El autor no encuentra demasiadas diferencias entre España y el resto de Europa en lo que se refiere a las normas sobre incendios y su cumplimiento formal, pero cree que la vigilancia y control de su cumplimiento son todavía muy superiores en los países europeos.

El trágico suceso de la calle Montera trae a la actualidad el tema de los incendios en los edificios. ¿Pueden evitarse? ¿Qué riesgos se corren? ¿Qué se hace liara prevenirlos? ¿Se ocupa suficientemente la Adminsitración del tema?En caso de incendio la prioridad absoluta es evitar riesgos personales, de manera que al proyectar un edificio se debe prever su evacuación rápida con sus correspondientes señales; las sal das deben ser proporcionadas al número de personas que lo puedan ocupar y debe haber una serie de compartimientos estanc os que por una parte retarden la rropagación del incendio y por otra permitan ponerse a salvo a los que los atraviesan.

La estructura del edificio debe resistir la acción del fuego durante un período que permita la evacuación; los huecos de ascensores y chimeneas deben también resistir al fuego puesto que pueden actuar como chimeneas y agravar el incendio. En edificios abiertos al público debe haber sistemas de detección tanto de llamas como de humo, que pongan en marcha automáticamente rociadores alimentados por una reserva autónoma de agua.

Todo esto está regulado por una normativa obligatoria de carácter estatal y local aplicada desde hace varios años, y desde este punto de vista legal y formal el nivel de protección frente a los incendios en España es semejante al del resto de los países europeos. La normativa tiende a evitar los riesgos personales (y los económicos en la medida en que una temprana detección permita reducir los daños); lo que no pretende es hacer edificios incombustibles ya que los costes añadidos serían mucho mayores que el reparto estadístíco de los riesgos económicos vía seguro.

Realmente, como en todos los procesos administrativos, el control se centra preferentemente en lo que puede ser controlado con más facilidad, en el momento más cómodo para el controlador, y de la manera que implique una menor responsabilidad para él; es decir se controlan los planos de las nuevas edificaciones, con carácter previo a la concesión de licencia de construcción, de manera que el esfuerzo de la Administración se centra en asegurar la perfección de los expedientes de las nuevas construcciones, lo que no es poco; en cambio me temo que el esfuerzo de vigilar la adecuación de las instalaciones antiguas o el mantenimiento de las existentes se acometerá con menos entusiasmo, y ya la organización de los datos teóricamente disponibles para que se acuda a una emergencia con un conocimiento del edificio y su estructura, probablemente no se hará en absoluto.

Comprobación periódica

Tan importante como la existencia teórica de los caminos y señales de evacuación es la comprobación periódica de que están libres y visibles: el personal de un edificio debe saber sin lugar a dudas qué hacer en caso de emergencia; el ensayo de evacuaciones puede ayudar a corregir sistemas y señales; una información clara, resumida y verificada de los edificios abiertos al público puede permitir a los bomberos actuar con mayor eficacia y corriendo menores riesgos.

Es en estos aspectos que requieren una acción positiva de la Administración, y no una labor de control formal, donde sí que hay una diferencia con los países europeos que convendría reducir.

es catedrático de Estructuras de la Escuela de Arquitectura de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de septiembre de 1987