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Entrevista:DOS DIMISIONES PRECIPITADAS

"No quería pasarme 10 años en Defensa", afirma Eduardo Serra

Julio Feo, el hombre de confianza del presidente del Gobierno, se ha tomado unas vacaciones sin aguardar a que el Boletín Oficial del Estado publique su cese como secretario general de la Presidencia. Eduardo Serra, el otro alto cargo que ha anunciado su dimisión, prepara en su despacho las últimas gestiones Dara el Gobierno como secretario de Estado de Defensa. Ninguno de los dos esperó al resultado de las elecciones para hacer públicas sus respectivas renuncias, que se han producido después de haber desempeñado los mismos cargos durante cinco y seis años, respectivamente. El Equipo de Investigación de EL PAÍS ha recabado información sobre las claves de ambos ceses.

CARLOS GÓMEZ "Llevo casi seis años ocupándo me de los temas de defensa. Ha sido apasionante, y he tenido la suerte de llevarme muy bien con el ministro y con el equipo del ministerio. Nadie quería mi relevo, y corría el riego de pasar me 10 años haciendo esta mis ma tarea", afirma Eduardo Se rra para explicar su petición de cese como secretario de Estado de Defensa. La oferta de Gutiérrez Mellado para dirigir la Fundación Antidroga, agrega, es "una salida estupenda" para poner fin a esta etapa.

El día 13 de abril, recuerda Serra consultando su agenda, le telefoneó el teniente general Gutiérrez Mellado. "Me explicó el proyecto de crear una fundación para luchar contra la droga, la importancia de las personas que respaldaban la fundación y los cuantiosos fondos -más de 100 millones- de que se iba a disponer".

El secretario de Estado de Defensa, que rehúsa que el dinero sea la causa de su marcha ("no voy a cobrar ni el 30% más de mis remuneraciones actuales"), ha accedido a explicar los motivos de su cese.

Pregunta. ¿Por qué decidió aceptar la oferta del teniente general Gutiérrez Mellado?.

Respuesta. No fue fácil. Mi puesto actual es precioso, aquí no hay problemas internos ni enfrentamientos como en otros ministerios, y mis relaciones con Narcís Serra no son de simple colaboración, sino de amistad. Al otro lado de la balanza, sin embargo, sopesé que llevaba casi seis años en esta actividad, un tanto abstracta, de la defensa. No es un tema de poder, porque aquí manejo un presupuesto de 700.000 millones, infinitamente superior al que voy a gestionar en la fundación. Es otra cosa. La sensación de que hace cinco años me divertía mucho más que ahora discutir el presupuesto con mi amigo Pepe Borrell [secretario de Estado de Economía y Hacienda].

P. ¿Existe algún motivo especial para haber elegido la lucha contra la droga como nueva actividad profesional?

R. No. Se cruzó una oportunidad en mi vida, y he decido no desaprovecharla. La oferta me permite salir de la Administración, en la que he pasado toda mi vida profesional, sin renunciar al campo de los intereses públicos, que es el que me gusta. La fundación no es una empresa privada, y esto ha facilitado mi decisión. Por otra parte, sus fines, luchar contra la droga, que es uno de los mayores problemas de nuestra sociedad, me permiten dedicarme a temas más concretos y próximos al ciudadano que los de defensa. Es un desafio profesional.

P. ¿Por qué anunció su cese en plena campaña electoral?

R. Yo le comuniqué al ministro inmediatamente la oferta de Gutiérrez Mellado, y unos días después nos reunimos para ex plicársela con mayor detalle al amigo. Comprendió mis razones, y estuvo de acuerdo conmigo en que la salida de la funda ción era ideal para poder dejar este puesto. Decidimos no ha cerlo público hasta vísperas de mi marcha, pero el miércoles 27 de mayo ya lo sabía mucha gente, y además me reuní ese día con los 10 patronos de la fundación, por lo que el riesgo de que saltara a los periódicos era grande. Pensamos que era mejor que se supiera mi cese por el propio Ministerio de Defensa para evitar especulaciones.

P. Algunas personas han querido ver en sus relaciones con vendedores internacionales de armas el motivo de su cese.

R. ¿Y qué puedo decir yo? Es absolutamente falso. Mis relaciones con Frank Carlucci y con Vernon Walters han sido siempre oficiales; sólo he asistido una vez a una cena multitudinaria en casa de Carlucci, tras haber dejado aquél la secretaría de Estado. Me invitó, y consideré que debía asistir, pero incluso cené en una mesa donde no estaba él. Me situaron en la que presidía su esposa. Y a Kashogui, en contra de lo que se ha dicho, no lo he visto en mi vida. Todo han sido especulaciones nacidas de la existencia de una firma Defes en la trama del Irangate. La Prensa norteamericana pensó que podía ser la empresa española de igual nombre; pero posteriormente se demostró que se trataba de una firma portuguesa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de junio de 1987

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  • El ministro conocía su decisión de cesar desde mediados de abril