El confuso racismo de Hortaleza

Actos violentos y anónimos contra payos y gitanos han creado una situación peligrosa en el barrio

El fantasma del racismo ha surgido de nuevo en Madrid, y como siempre, en un barrio pobre, en este caso la UVA de Hortaleza, castigado por el paro, la droga y sus secuelas de delincuencia y crispación social. Poco importa que la indignación de los vecinos estallara por un motivo importante: las graves heridas infligidas por una familia gitana a dos vecinos payos. Lo que importa, y eso es algo que tiene confundidos a los más sensatos, es que la ira se extendió a todos los gitanos -una mujer paya llegó a decir que había que "expulsarlos de la humanidad, porque no son humanos"- en un barrio en el que precisamente payos y gitanos conviven desde hace más de 20 años sin conflictos significativos.

Maribel, de la asociación de vecinos La Unión, muestra su estupefacción por lo que está ocurriendo: "No sabemos lo que está pasando. En Hortaleza no hay racismo. Aquí hemos convivido payos y gitanos durante años y nunca ha pasado nada grave. Pero sí es cierto que si esto no se clarifica pueden surgir brotes racistas. Estamos empezando a pensar si hay algún grupo no conocido que tenga interés en provocar el enfrentamiento de las dos comunidades. Por ahora el problema se centra en la familia Flores Mendoza, contra la que habrá que tomar medidas, pero no por gitanos, sino por delincuentes.Manuel Flores Hernández Domingo Flores Mendoza, su hijo y otro miembro de la familia son los presuntos autores de las puñaladas infligidas a dos vecinos payos, Antonio Matallanos y su hijo, José Antonio, en el transcurso de una riña, ocurrida el miércoles 22 de abril, que comenzó por un hecho trivial. En cuanto se corrió la voz por el barrio, cientos de vecinos enfurecidos pidieron el linchamiento de toda la familia. Las mujeres de la familia gitana -los hombres habían huido- tuvieron que ser introducidas en un furgón policial y sacadas del barrio, como protección.

El lunes alguien provocó un incendio en una vieja casa de dos plantas situada en la calle de la Virgen del Carmen, al lado de la UVA, habitada por cinco familias emparentadas entre sí, los Moreno Amaya. En días anteriores se habían producido otros incendios, uno de los cuales tuvo como víctima un Renault-6 utilizado por los Moreno para realizar su principal actividad laboral: la venta ambulante. Un miembro del clan declaraba a este periódico que desde el lunes dormían y vivían en la calle, "vigilantes, por si alguien quiere hacemos daño de nuevo". Los Moreno Amaya piensan que sí hay racismo: "Sólo hay que ver lo que está pasando. Si en lugar de ser gitanos hubieran sido payos ya habrían buscado una solución", y no descartan que algún grupo de exaltados estén buscando provocar un enfrentamiento, porque a las pocas horas del incendio de su casa, en la madrugada del martes, otro desconocido arrojó una botella de gasolina contra una vivienda paya, en la calle de Abizanda, en la UVA de Hortaleza, que estuvo a punto de provocar una catástrofe.

Tampoco la familia que sufrió este último atentado tiene idea del porqué del mismo. La mujer, que no quiso identificarse, reconoció que tenía miedo y que tampoco entendía qué estaba sucediendo en el barrio, aunque lo relacionó con el fuerte consumo y tráfico de drogas. "Es la droga lo que está matando el barrio", dijo. "El barrio está muy revuelto, Yo no tengo vecinos gitanos, pero nunca he tenido problemas, con ellos ni con nadie". Esta señora afirmó que ella había oído a otros vecinos que los gitanos querían quemar el barrio, pero reconoció que todo el mundo decía que lo había oído a su vez de otra tercera persona.

Las especulaciones y las miradas cruzadas están invadiendo el barrio. Incluso en el caso de la vivienda incendiada a la familia Moreno Amaya hay una versión que dice que el incendio lo provocaron ellos mismos para exigir nuevas viviendas. Lo curioso es que el vecino que comentaba esa teoría, un hombre mayor, jubilado, que tomaba el sol y contemplaba a los Moreno Amaya preparando la comida en la acera, añadía que el clan en cuestión nunca había hecho nada que pudiera poner en entredicho su honradez y se habían revelado como buenos vecinos. Este hombre añadía que él personalmente tenía varios vecinos gitanos con los que se llevaba perfectamente. Éste siempre ha sido tranquilo si lo comparamos con otros muchos parecidos de Madrid", decía.

Vigilancia policial

Las autoridades tienen ahora el reto de afrontar esta crisis de convivencia entre las dos comunidades con imaginación y prontitud. Ana Tutor, delegada del Gobierno en Madrid, ya ha anunciado que se redoblará la vigilancia policial en el barrio, pero no parece que ésa sea una solución eficaz -y desde luego no la única- a largo plazo. El propietario de un bar, que tiene un juicio pendiente porque hace tres años pegó cinco tiros a un joven que estaba continuamente buscándole las cosquillas, afirmaba: "La gente habla de los gitanos, pero no tienen ellos sólo la culpa. Aquí hay muchas familias que viven de lo que roban sus hijos. ¿Ve usted aquel hombre? -y señala a un hombre, de pie al otro lado de la calle-. Tiene siete hijos, y siempre alguno en la cárcel. Los Flores Mendoza sí es verdad que son peligrosos, porque además son los que compran todos los objetos robados en Hortaleza y en otros barrios cercanos. Le prestan dinero a los chicos, les fían drogas a veces y los tienen enganchados. La policía viene, se lleva a unos cuantos y se cree que ha limpiado el barrio. ¿Qué sabrán ellos? Aquí somos todos cómplices".

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 02 de mayo de 1987.

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