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CARTAS AL DIRECTOR

Juicios del SIDA

En la sección Gente del pasado domingo se me cita hablando de que en unas declaraciones sobre el SIDA yo pongo la moralina.Resulta claro que quien haya recogido esas opiniones en EL PAÍS ha incumplido una de las normas elementales del periodismo. Y es sacar una frase de su contexto. Como en las declaraciones originales ya había pasado lo mismo, uno se encuentra con que dice en una revista algo que nunca dijo, y además, luego, en EL PAÍS, se reduce aún más, con lo que da la impresión de que simplemente soy imbécil. ¿Cómo voy a afirmar yo que el SIDA "no se contagia sólo por semen y sangre"? ¿Quién soy yo para afirmar eso? Una cosa es que me permita dudarlo, dada la progresión geométrica de la enfermedad, que es distinto. Y en cuanto a la frase que se recoge como toda opinión en EL PAÍS, además de la intencionalidad que refleja por parte de quien la haya elegido, se pone de manifiesto esa extracción de una frase aislada de un contexto mucho más amplio. Y todos sabemos que eso es ni más ni menos que una manipulación seria.

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Mis opiniones sobre el SIDA han quedado expuestas en muchos artículos y programas de radio y televisión. Y siempre quiero distinguir muy bien lo que es salud pública y sanidad de lo que puede interpretarse como bueno o malo. Los virus y enfermedades no tienen adjetivos de ese tipo. Y no se pueden juzgar, sino prevenir y curar.

Claro que eso no impide que critique, como lo hice en un debate muy reciente en RNE, que entre las medidas generales a la población se diga eso de "procure no ingerir semen" como si entrara dentro de la categoría de lo habitual. Creo que un gran porcentaje de población preferiría que se le hablara de otras medidas que puedan afectarle más de cerca.

Y también critiqué una carta publicada en EL PAÍS por alguien que hablaba del SIDA "como si fuéramos leprosos". La lepra es bastante menos contagiosa y tiene mucho más que ver con el estrato socioeconómico que el SIDA. Si toda comparación es odiosa, ésta, además, es desafortunada.- Ramón Sánchez Ocaña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de marzo de 1987