Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:ÓPERA

Papageno y el lobo

La última entrega de un insospechado violín de Ingres en la temporada de los sinfónicos bilbaínos le ha correspondido a La flauta mágica.Al margen del inexcusable despropósito en el modo de resolver los recitados, la versión dirigida por Martínez Palomo no fue merecedora de gran interés. Desmañada y ayuna de matices en lo orquestal, con un reparto inhábilmente escogido, no habría rebasado el nivel de una representación fin de curso de no ser por la profesionalidad mostrada por algunos de los cantantes. Auténtico rey de la noche, sin duda ninguna, se reveló el bajo sueco Bengt Rundgren.

Meritorias las actuaciones de Ludwig Grabineler en Papageno. Angela Denning en Pamina e Isolde Siebert como la Reina, aunque por motivos diversos no alcanzaran la perfección. Del elenco local, Ascensión González, que hizo Papagena, confirmó su valía, y las tres jóvenes Damas, al igual que el bajo Pablo Pascual, defendieron sus intervenciones con dignidad. No así los tenores Juan Luque e Ignacio Ruiz de Alegría, que se vieron desbordados por las exigencias de su cometido.

La flauta mágica

Ópera de W. A. Mozart (versión de concierto). Orquesta Sinfónica de Bilbao. Director: Lorenzo M. Palomo.Teatro Campos Elíseos. Bilbao, 21 de febrero.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de febrero de 1987