Separatismo elogiado
Si una infinita matización no viene a establecer que he malinterpretado Elogio del separatismo, de F. Savater, aparecido en EL PAÍS el día 7, lo resumiría así: "La auténtica democracia es la igualdad individualizada y participativa en el poder; pero hoy, como ayer, el mito de la democracia moderna hurta a los individuos sus intereses y derechos en favor de los entes colectivos, pueblos, naciones, partidos, gestionados por representantes especializados; la obligación de pertenecer prevalece sobre la libertad de participar, de manera que ser de izquierda es sólo pertenecer al grupo de izquierda; lo que sería remediado por un separatismo auténtico".Para llegar a tales conclusiones descalifica el autor, entre otros, a los movimientos de la izquierda, de quien dice, sigue esgrimiendo modelos gregarios, abnegados y redentoristas, atribuyendo a Rusia la reinvención del esclavismo industrial y, a tropezones, descubrir los encantos de la economía de mercado. Sugiere, también, el señor Savater se provean, quienes no entiendan sus artículos, de un certificado de aptitud o declaración jurada de no adquirir el periódico más que para envolver el bocadillo.
Reconduce, en fin, sus ideas a manifestar la conveniencia de que los grupos se hallen al servicio de los intereses individuales para que no se limiten sólo a los comerciales o de la vida privada, para que puedan querer y proponer lo que se les ocurra sin vincularse a ninguna otra opción de grupo, libre de toda pertenencia a programas o líderes. Esto es: un auténtico separatismo.
Dejando aparte la dudosa oportunidad de llamar a ese ideal "separatismo auténtico" y fuera, también, de los gratuitos ejemplos demostradores con que pretende reforzar su criterio, y objetando, además, que el desarrollo de un nacionalismo decimonónico, cocido en su propia limitación, ha venido a desplazar y debilitar movimientos políticos superiores que incluían soluciones más completas y más viables, diré que lo que resta del artículo, ese ideal de persona responsable, capaz, esa maravilla de voluntad, perfección y acierto, en una sociedad que lo cree y que, junto a todos los demás, la constituya, me parece de perlas.
Pero eso no sería el futuro auténtico separatismo democrático perfeccionista. Eso sería el cielo. Y para ese viaje no necesitamos alforjas; porque lo difícil no es saber lo que queremos o qué es lo mejor, sino cómo lograrlo.
Estamos de iluminados, de relaciones eruditas, de negadores de todo trabajo e incapaces de hacer algo mejor, estamos de que nos llamen borregos por votar, o gregarios por construir en equipo, o redentoristas por ayudarnos en un sincero empeño social, estamos hasta las turmas.-


























































