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Reportaje:

Almudena Gálvez Azcona

La niña que sufrió un trasplante de corazón y pulmones cumple el sábado 14 años

"Mamá, hazme un jersei", le pide Almudena a su madre, María Antonia. Y su madre, con ojos de miedo y esperanza, no se atreve: "Me da miedo hasta comprar la lana". Almudena Gálvez Azcona, que el sábado cumplirá 14 años, vive desde el pasado 28 de octubre con un corazón y dos pulmones nuevos. El trasplante, primero de estas características que se realiza en España, se efectuó en la clínica universitaria de Pamplona. Almudena se enteró cinco minutos antes de la gravedad de la intervención y tranquilizó a sus padres bromeando: "Mira cómo tiemblo".

La niña llevaba una vida normal desde su nacimiento, el 6 de diciembre de 1972. Sin embargo, a medida que fue creciendo, en la localidad de Beriáin, junto a sus padres y su hermano, Rafael, de 11 años, comenzó a notar un debilitamiento progresivo."Se cansaba, a sus 12 años, subiendo una cuesta", recuerda su madre. Y el pasado mes de septiembre, Almudena entró en lista de espera para un trasplante múltiple de corazón y pulmones, aquejada de una fibrosis pulmonar con insuficiencia respiratoria grave que en los últimos días la obligaba a permanecer en cama, en reposo absoluto y con oxígeno permanente. Dos meses más tarde la niña dirige sólo dos palabras al doctor Ramón Arcas, director del equipo de neurocirugía del centro sanitario, cuando éste le explica la necesidad del trasplante: "Tú verás".

En la madrugada del 28 de octubre Almudena recibió el corazón y los pulmones de Raúl Jimeno, de 12 años, niño de Valdeagorta (Teruel) fallecido a consecuencia de una caída. La intervención duró cuatro largas horas, y el posoperatorio se desarrolló con normalidad, aunque la niña sólo podía recibir la visita de su madre, María Antonia. Almudena, una niña apasionada de la lectura, -especialmente por los tebeos de Mortadelo- ha comenzado a ingerir yogures y se incorpora de su cama lentamente durante unos minutos para dar algún paseo por la habitación.

Días atrás todos los compañeros y profesores de la clase de primer curso de BUP del instituto Ximénez de Rada, al que Almudena debía haberse incorporado de no haber sido por su enfermedad, se acercaron hasta el centro sanitario, y aun sin conocerla le regalaron un oscar a la mejor compañera y una gran muñeca de trapo, que Almudena ha colocado junto a ella, entre una jungla de mascarillas, sueros y aparatos médicos.

María Antonia y su marido, Rafael, hablan todos los días por teléfono con los padres de Raúl, el joven aragonés que, en cierta medida, sigue latiendo en un nuevo cuerpo.

Les están enormemente agradecidos por haber aceptado la donación de todos los órganos de Raúl, cuya similitud de características risicas respecto a Almudena (edad, peso, perímetro torácico y grupo sanguíneo) facilitó la intervención. Los padres de Raúl piensan ir a ver a Almudena; los de Almudena desean una vida normal para su hija, jugando al baloncesto y tocando la guitarra, "como cuando no se cansaba subiendo una cuesta".

Flores y libros

Y la niña recibe multitud de flores y libros que todavía no puede leer, pero que espera poderlo hacer pronto. "Está un poco grogui por los medicamentos que deben suministrársele", afirma su madre, "y por eso no nos echa mucho de menos a nosotros. Ya conoce a todas las enfermeras por su nombre, aunque se pasa el día medio adormilada".María Antonia y Rafael están todo el día en la puerta de la habitación en la que se encuentra Almudena. Y ella, cuando se despierta, le pide a su madre: "Mamá, hazme un jersei".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 1986