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Tribuna:

Equilibrio

En el otoño de 1986 por el cielo pasaban tordos radiactivos y otras aves igualmente contaminadas cloqueando en su viaje migratorio hacia el Sur y abajo reinaban los socialistas y todo el mundo estaba condenado a ser feliz. Los ricos seguían matando ciervos como si nada., los artistas más elegantes y alcohólicos se habían puesto de parte de la bomba atómica, la cultura oficial apestaba a nardo caliente de García Lorca, la masturbación se había convertido en una de las bellas artes gracias a ciertos virus escapados del Pentágono, los sociólogos sexagenarios compraban bicicletas estáticas, licuadoras aerodinámicas y se teñían el pelo de color corinto para volver a la juventud. En los aeropuertos se cruzaban los intelectuales con la lengua fuera en dirección a las cuatro esquinas del país donde florecían simposios, conferencias, mesas redondas y debates acerca de la nada. Lo último en estética consistía en ser muy millonario y en hacer el ganso.En el otoño de 1986 escuadrillas de tordos radiactivos volaban hacia el Sur y abajo niñas de alta sociedad, ejecutivos, chapistas y dependientes de ultramarinos se dedicaban a bailar sevillanas en los tabladillos que muchos bares habían improvisado. Cualquier idiota quería diseñar algo, todos los desfalcos eran perdonados, un escándalo servía para olvidar otro escándalo y los ciudadanos llevaban en el bolsillo la invitación para un desfile de modas. Nadie podía presumir de moderno si no se hacía un poco homosexual y ninguna cosa era tan villana como fumar negro y hablar de los pobres. La gente votaba, bebía pacharán en público y comía cuellos de pollo en la intimidad, asistía a los conciertos, visitaba exposiciones y se dejaba limpiar el parabrisas del coche en el semáforo como prueba de amor al prójimo. Los jubilados iban en autocares a las Rías Bajas y las amas de casa escondían el. vídeo pornográfico en la cesta de la compra bajo una lechuga. En el otoño de 1986 por el cielo pasaban tordos radiactivos y aquí abajo todo parecía perfecto y a la vez todo estaba a punto de reventar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de diciembre de 1986