Dignidad del otro
El pueblo de Ondara surge repentinarnente como protagonista por su defensa de una mujer acusada de un delito de parricidio. Lo impactante de este hecho está en que la colectividad conoce en su historia próxima, y es testigo mudo en su cercanía y cotidianidad de situaciones de malos tratos; matrimonios en los que se vive la agresión por principio, mujeres maltratadas, apaleadas, incluso violadas, que aceptan su papel de sumisión y llegan a asumirlo minimizándolo por comparación con sus madres, sus abuelas y sus convecinas.La sociedad cada vez permite menos la materialización de estas graves agresiones, pues dentro de sus expectativas de ir adaptando la familia a unos niveles de modernización, donde los papeles de todos sus miembros se basen en la igualdad, no cabe este tipo de agresiones, que significan un grave atentado a la dignidad del otro.
Pero tenemos que ser conscientes de que la sociedad, a través de su normativa, castiga duramente el delito de parricidio, los delitos de sangre son graves, pues nadie puede convertirse en verdugo y tomarse la justicia por su mano, ya que se encontraría con la frontera de los otros y caería en una valoración del bueno y el malo que llegaría a producir el caos social. Por ello, le corresponde a la justicia, como institución, interpretar, calificar y penar el hecho delictivo que nos ocupa; pero también,le compete a esta entidad el considerar las expectativas de la sociedad a la que protege y así contemplar casos de este tipo en su globalídad y tener en cuenta la utilización de unas medidas preventivas, de las que dispone, para evitar este caso y otros muchos. Si en lugar Pasa a la página siguiente Viene de la página anterior de una amonestación a un individuo que agrede a otro cotidianamente se aplican las leyes con rigor, se protege mejor a la sociedad.- y Ana Inés Fernández. Comisión de la Mujer del Colegio Nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias Políticas y Sociología.
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