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Juan Ramón Muñoz

La historia de un emigrante santanderino que se dirige a Australia con su familia

Juan Ramón Muñoz, calderero naval en paro, de 53 años, navega desde el pasado día 1 con su mujer e hijos en un velero, construido por él mismo, rumbo a Australia, adonde pretende llegar en un plazo de nueve meses, en busca de trabajo. A su paso por el litoral asturiano, el barco sufrió una pequeña avería en el timón tras encallar en las proximidades del puerto de Lastres. Reparados los desperfectos e incorporado al instrumental de a bordo un radar, del que hasta entonces carecían, reemprendieron la navegación rumbo a las islas Canarias, adonde llegarán en los próximos días.

La aventura comenzó hace año y medio, cuando Juan Ramón Muñoz tuvo conocimiento de que no tendría derecho a pensión alguna, pese a llevar 36 años cotizando a la Seguridad Social, si no encontraba un trabajo antes de la jubilación. En Cantabria, las expectativas laborales no parecían muy halagüeñas. Juanma, su hijo mayor, que había emigrado a Australia, les sugirió la posibilidad de trasladarse allí, donde las posibilidades de empleo siguen siendo más esperanzadoras. Sólo había que salvar un problema: si llegaban por avión a Australia en busca de trabajo serían rechazados por las autoridades; así, pues, la única opción era hacerlo por mar.Dicho y hecho. Este calderero naval en paro inició en septiembre del pasado año la construcción artesanal en acero de un velero de 16 toneladas, con 12,5 metros de eslora y 3,6 de manga, en el que invirtió dos millones de pesetas y un año de trabajo. Fue preciso para ello vender la casa y los muebles. Allí trabajó toda la familia, pero al final los resultados compensaron el esfuerzo. Se trata, sin duda, de un hombre tenaz y voluntarioso, que confiesa alcanzar todo cuanto se propone. "Yo no había estudiado, pero hace cuatro años me propuse ingresar en la Universidad y lo conseguí, después de aprobar el examen de acceso para mayores de 25 años. Al quedarme en paro me vi obligado a abandonar, aunque ya estaba matriculado en primero de Ingeniería Naval. Ahora arriesgo más que nunca, pero Australia puede resolver todos nuestros problemas", declaró este santanderino a su paso por Asturias.

En la travesía le acompañan su mujer, Florentina, de 49 años y de origen andaluz, sus tres hijos (Juanma, de 27; Javier, de 18, y Jorge, de 14 años) y el perro de la familia, al que llaman Gaddafi. Aunque hasta Canarias les acompaña Juan Manuel Errea, un joven navarro amigo de los hijos y patrón de navegación, luego será el mayor de los vástagos quien asuma esta responsabilidad. "De momento, vamos a Cádiz y a Canarias, y desde allí cruzaremos el Atlántico, pasaremos por el canal de Panamá y luego atravesaremos el Pacífico hasta Australia". Su propósito es que el prestigio que alcance el barco les permita venderlo a buen precio y empezar una nueva vida.

En el yate, bautizado con el nombre de la esposa, se llevan todas las posesiones familiares, incluidos algunos cuadros pintados por Juan Ramón, con los cuales consiguió varios premios en su juventud. Durante la navegación comerán pescado y conservas. Nada les arredra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de octubre de 1986