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La policía sueca da a entender que conoce a los asesinos de Olof Palme

Cuando se cumplen seis meses del asesinato del ex primer ministro de Suecia Olof Palme, unas escuetas declaraciones del principal responsable de su esclarecimiento, comisario jefe de la policía de Estocolmo, Hans Holmer, han puesto de nuevo el asunto en el centro de la atención pública y dado pie a innumerables especulaciones. En una entrevista publicada esta semana por el matutino de mayor circulación de Suecia, Dagens,Nyheter, Holmer deja entrever, más que afirmar, que la policía sabe quiénes son los autores del crimen así como los móviles que los impulsaron, agregando además que "el asesinato de un primer ministro tiene siempre implicaciones políticas".

El mismo portavoz agregó que la detención del asesino material puede llevar tiempo e incluso no poder concretarse nunca. El funcionario rnatizó sus declaraciones adjudicándoles; entre un 80% a 90% de seguridad.Las declaraciones de Holmer, un hombre que estuvo desde el comienzo al frente de las investigaciones, deliberamente ambiguas y poco explícitas, provocaron sin embargo el consiguiente impacto y sobre todo nuevas declaraciones de fuentes responsables, policiales y de gobierno, que por razones obvias han exigido permanecer en el anonimato. Estas fuientes coinciden en afirmar que "cuando se conozcan los detalles sobre la solución del crimen el gobierno sueco se verá sometido a una dura prueba y habrá consecuencías en la política interna y también en las relaciones externas.

El diario vespertino socialdemócrata Aftonbladet, citando a un informante muy próximo al primer ministro Ingvar Carlsson, va más allá en las revelaciones y dice que la policía lo sabe todo sobre el crimen, que éste fue cometido por una organización de extrema derecha ajena a Suecia pero con adherentes o simpatizantes en este país que suministraron la información sobre los hábitos de Olof Palme que permitió y facilitó planear el asesinato. La misma fuente agrega "que el crimen fue minuciosamente planeado, con amplia disponibilidad de tiempo y de dinero y que los autores materiales fueron extranjeros experimentados". La costumbre de Palme de caminar sin escolta por las calles de Estocolmo fue al parecer decisiva en facilitar la acción de los asesinos.

Móvil político

Sobre las posibles causas que motivaron el crimen la policía cree que los autores "consideraban a Palme demasiado tolerante con los comunistas, tenía muy buenas relaciones con el experto soviético Georgi Arbatov, que integra la Comisión Palme y que había permitido la infiltración de los comunistas en el Partido Socialdemócrata". La misma fuente citada por el diario socialdemócrata agrega que posiblemente la policía se verá en, la obligación de dar a conocer todos estos datos en un futuro próximo pero tal vez no la identidad del asesino, el que posiblemente nunca sea capturado.

Todo parece indicar que la, conspiración que terminó con la vida de Palme podría comenzar a aclararse. Al menos parece haberse centrado en pistas en las que muchos en Suecia pensaron desde el primer momento aunque sin atreverse a formularlo públicamente nunca.

A las innumerables declaraciones de los primeros días que parecían destinadas a desviar la atención de los verdaderos objetivos, ,romo que "no hay ninguna razón. política detrás del crimen" o la referencia a viejas organizaciones terroristas extranjeras prácticamente desaparecidas, parece suceder ahora presunciones más lógicas.

Muchas circunstancias insólitas rodearon la actuación de quienes tenían la responsabilidad de preservar la vida del primer ministro sueco, antes y después del crimen. Eso agregó al dolor provocado por la muerte de Palme en el pueblo sueco una inmensa sensación de escepticismo frente a instituciones en las que hasta entonces había confiado ciegamente. Por todo ello el esclarecimiento total del crimen, la detención de sus autores materiales e intelectuales, aún cuando los primeros no puedan ser aprehendidos nunca, será visto como el mejor favor que se le pueda rendir a la democracia sueca. De la que Olof Palme había sido uno de sus creadores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de agosto de 1986

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