Diferencias abismales entre Thatcher y los otros dirigentes de la Commonwealth en la 'minicumbre' sobre Suráfrica

CARLOS MENDO La minicumbre de la Commonwealth sobre Suráfrica se inició ayer, en la histórica Malborougb House de la capital británica, con un deseo, latente por parte de los siete líderes asistentes de encontrar una fórmula de compromiso, a pesar del abismo que existe entre las posiciones de la primera ministra Margaret Thatcher y las del resto de los dirigentes de la Commonwealth. Incluso el presidente Kenneth Kaunda, de Zambia, suavizó su amenaza inicial de abandonar la Commonwealth si no se llegaba a un acuerdo, y pareció aceptar la posibilidad de una coordinación de las sanciones con los países industrializados.

La reunión de los primeros ministros del Reino Unido, Margaret Thatcher; Australia, Rolbert Hawke; Canadá, Brian Mulroney; India, kajiv Gandhi; Zimbabue, Robert Mugabe, y el presidente Kaunda se inició a las cuatro en punto de la tarde, bajo la presidencia del jefe, de Gobierno de las Bahamas, sir Lynden Pindling, en el palacio construido por sir Cristopher Wren para el primer duque de Malborough, y que ahera alberga la sede de la Corrimonw,ealth en el majestuoso Mall londinense.Unos 200 manifestantes, congregados en la avenida de Pall Mall, por donde se entra al edificio, con pancartas de, apoyo al movimiento nacionalista Congreso Nacional Africano (ANC), aguantaron impávidos una, lluvia torrencial para esperar la entrada de los líderes y gritar "sanciones, ahora" cuando las limousines atravesaron la verja de entrada en medio de un fenomenal despliegue de medidas de seguridad.

Las conversaciones formales, que han sido calificadas por los observadores de "cruciales" para el futuro de la Commonwealth, estuvieron precedidas por un almuerzo informal de los. siete, ofrecido por Rajiv Gandhi y cuya gestación ha sido descrita como pintoresca por algunas fuentes.

Aparentemente, Gandhi, había preparado un almuerzo sin la señora Thatcher, en un intento de coordinar la política de los otros seis países. Enterada la oficina de la primera ministria, una llamada inocente preguntó flor el almuerzo a la embajada india, con lo que el plan se vino abajo y hubo que invitar inmediatamente a la jefa de Gobierno británica, después de afirmar que la invitación se debía haber perdido.

La señora Thatcher recibió el sábado por la noche a Mulroney y a Pindling, y más tarde se trasladó al tradicional hotel Churchill para entrevistarse con el presidente Kaunda. El líder zambio se ha mostrado hasta ahora el más hablador de todos los asistentes. Poco después de su entrevista con la señora Thatcher, Kaunda manifestó a la cadena de televisión ITN que la primera ministra británica estaba "más aislada que nunca". En declaraciones hechas ayer a la televisión, el presidente zambio volvió a repetir su amenaza de abandonar la Commonwealth si no se conseguía un acuerdo sobre las sanciones en esta reunión.

Sin embargo, poco antes de entrar a Malborough House, manifestó ante la BBC Radio que esta ba dispuesto a aceptar una coordinación de las medidas contra Sur áfrica entre la Commonwealth y el resto de los países occidentales, en el fondo una de las tesis defendidas con ahínco por Thatcher. Kaunda condicionó su aceptación a que se nombrase un comité de coordinación en el que no estuviese representado el Reino Unido, y propuso que en dicho comité par ticipasen los primeros ministros de Australia, Canadá e India par a negociar acciones comunes con los Gobiernos de EEUU, Japón, la RFA y el Reino Unido.

Fuentes cercanas a la primera ministra han estado repitiendo a lo largo de la semana "el espíritu negociador" de Thatcher en el tema de las sanciones o "medidas", como prefieren llamarlas. Se trata, insisten estas fuentes, de presentar un frente común con el resto de los países industrializados de Occidente, ya que sin ese frente las "medidas" carecerían de sentido.

En el fondo, la primera ministra Margaret Thatcher, que está operando en esta cuestión hasta ahora con firmeza parecida a la que utilizó durante la crisis de las Malvinas, no cree en la efectividad de las sanciones, ya que siempre habrá una Corea, un Taiwan o, incluso, algún país europeo neutral que canalice el tráfico de mercancías a través de terceras partes.

Sin embargo, lo que desean ardientemente los países de la Commonwealth, y en especial Australia, Canadá y Nueva Zelanda, es un gesto por parte de Thatcher para demostrar a la mayoría negra de Suráfrica que el mundo se preocupa por ellos, lo que Brian Mulroney calificó de "lucha por los valores morales".

Los dirigentes de la Commonwealth, que se reunieron durante menos de tres horas en su primera sesión de trabajo, asistieron anoche a una cena en el cercano palacio de Buckingham ofrecida por la reina Isabel II de Inglaterra, en su calidad de cabeza de la organización.

Al término de la reunión inaugural, Pindling, como presidente de la sesión, manifestó que se había llegado al acuerdo de reconocer que "no se había conseguido el avance necesario" en Suráfrica y que las personas encargadas de informar a la Commonwealth estaban de acuerdo en que Pretoria "no tenía una intención genuina de desmantelar el apartheid".

"Mañana [hoy para los lectores] entraremos en el tema de determinar qué medidas ulteriores se podrían tomar con respecto a la situación en Suráfrica", añadió. Pindling subrayó que durante: la reunión "todo el mundo ha reconocido la gravedad de la situación" y añadió que en la sesión "río ha habido vitriolo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0003, 03 de agosto de 1986.

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