Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

La catástrofe nuclear de Kishtim, un desastre silenciado por Moscú y minimizado por la CIA

El libro de un científico disidente revela los efectos de una grave explosión atómica en la URSS

JOSÉ LUIS MUÑIZUna catástrofe nuclear se produjo entre 1957 y 1958 en Kishtim, en los Urales meridionales. Como consecuencia, más de 1.000 kilómetros cuadrados de terreno quedaron contaminados por productos o residuos radiactivos, algunos centenares de personas murieron, otros miles fueron evacuados e ingresaron en hospitales y un vasto territorio en una región industrialmente desarrollada de la Unión Soviética se convirtió en zona peligrosa durante varios decenios. Así comienza el libro del científico disidente soviético Zores A. Medvedev, exiliado desde 1973, año en que, tras una estancia en Londres, fue privado de la ciudadanía soviética y de la posibilidad de volver a la URSS.

Con el título Desastre atómico en la URSS; la editorial Valecchi publicó en Italia en 1979 la versión de Urals'kaja jadernaja Katastrofa, el libro del científico disidente Zores A. Medvedev, hermano de Roy Medvedev, marxista disidente que vive en Moscú.Ocultada por los soviéticos y minimizada por la Agencia Central de Inteligencia norteamericana (CIA) e incluso por científicos occidentales ligados a los sectores dominantes, la catástrofe nuclear de Kishtin se hizo pública cuando Medvedev -hijo de un bolchevique desaparecido durante las represiones estalinistas y rehabilitado tras el 202 Congreso del Partido Comunista de la URSS- publicó en noviembre de 1976 en la revista New Scientist un artículo cuyos datos fueron desmentidos por John Hill, presidente del organismo estatal de la energía atómica del Reino Unido.

Pero, un mes más tarde, The Times publicaba en primera pagina una noticia titulada Testigo ocular describe el desastre nuclear de los Urales.

La noticia provenía de Israel, donde el periódico The Jerusalem Post, en la sección de cartas al director, publicaba una nota del profesor Lev Tumerman, emigrado en 1972 desde la Unión Soviética, que en 1960 había cruzado la zona contaminada por radiaciones nucleares, recorriendo en un pequeño autobús la carretera que une las dos ciudades más importantes de los Urales, SverdIovsk y Cheliabinsk.

La primera noticia

Medvedev, según afirma en su libro, tuvo la primera noticia de la catástrofe nuclear a través del profesor Vsevolod Kleckovski, catedrático de Química Agraria y Bioquímica en la URSS y especialista en isótopos radiactivos en agricultura y plantas, que en 1958 fue encargado de organizar en la región de Cheliabinsk un centro experimental para el estudio del efecto de la radiactiva sobre plantas y animales.

Kleckovski refirió a Medvedev que la catástrofe había consistido en la explosión de un depósito de residuos radiactivos que habían sido acumulados en lugares subterráneos y que procedían de reactores utilizados con fines militares.

La explosión, según Kleckovski, proyectó los residuos nucleares a la superficie y, transportados por el viento o la nieve, se dispersaron en un radio de decenas de kilómetros.

La explosión no había sido prevista y, a causa de la dispersión de los residuos, la determinación de los niveles de radiactividad se realizó con un cierto retraso. La primera evacuación fue efectuada demasiado tarde y sólo en los pueblos más cercanos al lugar de la explosión, por lo que las enfermedades comenzaron a aparecer después en los lugares un poco más alejados. Los servicios secretos norteamericanos tenían datod de primera mano sobre la explosión nuclear en los Urales y sus efectos, entre otras razones porque el 1 de mayo de 1960 fue abatido, justamente en la zona donde se produjo el accidente, el avión espía norteamericano U-2 pilotado por Gary Powers y, poco antes, otro avión norteamericano del mismo tipo había sobrevolado la región de SverdIovsk sin que las baterías antiaéreas soviéticas consiguiesen alcanzarle, dado que entonces sus misiles no tenían la potencia suficiente para llegar a los 21 kilómetros de altitud a que volaban estos aparatos.

La misión de los U-2 norteamericanos era fotografiar la región meridional de los Urales, donde entonces la URSS tenía el centro de su industria nuclear y donde estaban localizados los primeros reactores nucleares para usos militares.

Medvedev, tras la publicación de su primer artículo y la admisión por la CIA de que se había producido un accidente nuclear en los Urales (si bien dando de la misma una versión parcial y edulcorada), solicitó datos sobre la catástrofe en base a la Freedom of Information Act, que obliga a la Administración de Estados Unidos a poner a disposición pública informaciones que han dejado de tener carácter secreto. Algunos de estos datos le fueron negados en principio, hasta que, el 22 de noviembre de 1977, la Prensa norteamericana publicó una noticia que The New York Times tituló Documentos de la CIA sobre dos incidentes nucleares soviéticos han sido entregados a Ralph Nader. Nader es el líder norteamericano del Movimiento para la Defensa de los Consumidores.

Datos censurados

En estos documentos, en los que se habían censurado numerosos datos, se daba cuenta de que la CIA disponía de informaciones confidenciales -si bien fragmentarias- sobre la explosión nuclear en los Urales, aunque también se hacía referencia a "una prueba secreta de la Unión Soviética, que hizo estallar un artefacto de 20 megatones en el aire". Según The New York Times, Nader preguntó por qué motivos la CIA había esperado tanto a hacer públicos estos documentos. "A falta de otras razones para esconder estas noticias a la opinión pública", dijo Nader, "un motivo posible podría ser la renuencia de la CIA a sacar a la luz un incidente nuclear ocurrido en la URSS que hubiese podido suscitar preocupación en la población norteamericana residente en las cercanías de instalaciones nucleares".

Por su parte, el diario norte americano The Washington Post señalaba que Nader había declarado que la catástrofe de los Urales "fue sin duda el primer accidente nuclear grave que haya provocado pérdida masiva de vidas humanas". Nader acusó a la CIA de haber impedido deliberadamente durante 20 años la divulgación de documentos relativos a la explosión".

Medvedev hizo en su libro un intento de reconstrucción del desastre nuclear de los Urales según el cual en la región de Kishtim fue construido y puesto en funcionamiento en 1947 el primer gran reactor soviético para la producción de plutonio. Probablemente allí se reunieron todos los elemenmtos fundamentales para la fabricación de bombas atómicas.

El almacenamiento excesivo de residuos radiactivos líquidos pudo provocar un calentamiento del plutonio residual, que originó una reacción en cadena, o bien pudo estallar, por insuficiente refrigeración, un recipiente con residuos nucleares.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de mayo de 1986