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El rechazo de la ejecutiva al Gobierno de progreso abre fisuras en Coalición Galega

González Laxe habla de "la última bocanada del caciquismo"

, Santiago de Compostela

La decisión tomada a última hora del viernes por el comité ejecutivo de Coalición Galega -por 17 votos contra seis y dos abstenciones- de no autorizar la culminación del acuerdo con el PSOE y Esquerda Galega para formar el denominado Gobierno de progreso ha agrietado al reformismo gallego y sorprendido tanto a los dirigentes socialistas de Galicia como al Gobierno de Felipe González.

El Gobierno socialista de la nación había expresado ya su aceptación de las condiciones exigidas por Coalición Galega, una aceptación transmitida públicamente por el ministro de Administración Territorial, Félix Pons, al manifestar en la noche del viernes a la Cadena SER su conformidad y esperanza ante lo que parecía inminente consecución del pacto parlamentario. Pons llegó incluso a precisar que, en el momento en que se constituyese la Xunta progresista, el Gobierno estudiaría la posible retirada del recurso contra la ley de Normalización Lingüística para Galicia.Medios próximos a la dirección del grupo socialista en el Parlamento gallego aludieron ayer a estas declaraciones para probar que Coalición Galega carecía de motivos para recelar del cumplimiento de los acuerdos alcanzados a lo largo de esta semana y plasmados en un documento de más de 10 folios. Los mismos medios indicaron que la ruptura de las negociaciones, promovida por el presidente de Coalición Galega, Díaz Fuentes, se había fraguado con anterioridad a la reunión de la ejecutiva de Coalición Galega. A este respecto, señalaron que tanto Gerardo Fernández Albor como José Luis Barreiro, vicepresidente de la Xunta en funciones y secretario regional de AP en Galicia, permanecieron durante la mañana de ayer en el palacio de Raxoi, pese a que el séptimo congreso nacional de su partido se inauguraba a las 10.00 en Madrid.

La decisión tomada por la ejecutiva de Coalición Galega no se puede considerar, no obstante, como definitiva, ya que el partido tiene previsto celebrar su congreso a principios del próximo mes de mayo. Dicha reunión resucitará, previsiblemente con mayor dimensión, la pugna por el decantamiento progresista o conservador del principal partido centrista gallego y su alineación con la Coalición Popular o con el PSOE.

El candidato del PSOE a la presidencia de la Xunta de Galicia, Fernando González Laxe, manifestó ayer que el fracaso de las negociaciones con Coalición Galega para formar un Gobierno de progreso, con apoyo parlamentario de Esquerda Galega, representa "la última bocanada de caciquismo. Lo que ha sucedido da pie a pensar que grupos caciquiles, que han mostrado que ya sólo controlan Lugo y Orense, han actuado a la desesperada para evitar que haya un ambiente renovado, una higienización de la vida política en Galicia".

El dirigente socialista admitió la posibilidad de una ruptura del grupo parlamentario de la Coalición Galega -si bien uno de los más fervientes partidarios del Gobierno de progreso y candidato a la presidencia de la Xurita en las elecciones, Pablo González Mariñas, ha descartado esta eventualidad- y aventuró que, en caso de una reelección de Gerardo Fernández Albor, la Xunta vivirá amenazada permanentemente por la inestabilidad.

González Laxe llegó a decir que "esto puede acabar como Haití" -donde el presidente vitalicio ha abandonado el poder ante la imposibilidad de asegurar la gobernabilidad del país tras habituales abusos de la autoridad- y anunció que su partido promoverá "una movilización social importante" contra una Xunta dominada por la Coalición Popular.

El comité nacional del PSOE de Galicia analizará hoy su estrategia inmediata.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de febrero de 1986