El idioma, símbolo de identidad y contradicción

La autonomía ha obligado a algunos sectores desportados a situarse, aunque sea en penumbras, en el espejo de la identidad gallega. Hace tan sólo cuatro años sería imposible que los hijos de la burguesía coruñesa recibieran a Albor en una discoteca con flamear de banderas gallegas y con carteles escritos en gallego. Y es que lo del idioma sigue siendo un baremo ¡mportante de autoestima en un país donde su empleo era sinónimo de pobreza y marginación.Lo del idioma es un símbolo. El proceso autonómico ha generado debates internos, sustituido la imagen monolítica de un país antiguo sumido en la niebla por la de un mosaico social, vivo y convulsionado, entre el autoabastecimiento y el posindustrialísmo. Escuchar decir a los portavoces empresariales que la principal causa del atraso económico de Galicia es la carencia de una consciente burguesía autóctona, asumiendo así una reflexión teórica de la izquierda, era también impensable hace pocos años.
Las realizaciones más aplaudidas de la Xtinta han sido precisamente aquellas en que se ha hecho lo inesperado, en que se rompió la identificación partido/institución, dando la imagen de Gobierno de un país.
La Xunta parece haber ganado la batalla del protocolo, afianzando su imagen con los rituales del poder.
"Ha sido necesario que mandasen los que estaban contra la autonomía para así hacerse autonomistas", opina Andrés, un viejo marinero de Corne, en la Costa de la Muerte. "En Galicia no es que toda la gente sea estilo derechas ni de AP, lo que sí hay es muchos manoliños", analiza por su parte un tabernero de Betanzos, que por cierto también se llama Manolo. Tampoco esta vez, pese a la lluvia de encuestas, informes y estudios, quedarán claras las claves de la, sociología política de Galicia.
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