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Reportaje:

El caso del libro sobre el 'caso Catalana'

Ha sido necesaria una larga batalla para que Francesc Baiges, Enric González y Jaume Reixac consiguieran publicar su obra

Barcelona
Ahora hace justamente un año que tres jóvenes periodistas barceloneses, Francesc Baiges, Enric González y Jaume Rexac, entregaron a la editorial Plaza y Janés un ambicioso trabajo. Un total de 208 folios mecanografiados constituía el texto íntegro del libro Banca Catalana, más que un banco, más que una crisis, elaborado en maratonianas jornadas de trabajo tras entrevistarse con más de 200 personas, entre las que figuraban la mayoría de los querellados. El entusiasmo con que aceptó el trabajo la editorial les quitó el mal sabor de boca que todavía paladeaban por la negativa recibida unos días antes de Editorial Planeta, que manifestó desinterés por el libro. Pero el optimismo duró poco y empezaron las dudas, las presiones y todo tipo de excusas, que han hecho que el trabajo no viera la luz hasta hace unos días. El tiempo necesario para que Planeta editara otro libro en el que, bajo el título de Banca Catalana. Toda la Verdad, se cuenta una sugestiva historia de altruismos y falta de suerte.

A. M.Durante un largo año los tres autores se las han visto y deseado frente a letrados especializados y ante dictámenes ad hoc que se sucedían unos a otros, en una espiral que parecía no tener fin y en la que llegaron a pensar que ellos se habían convertido en unos procesados en relación a Banca Catalana. Los juristas interpuestos por la editorial les exigían todo tipo de pruebas, desde documentos originales hasta reconocimientos por escrito de las declaraciones recogidas en su trabajo. En este proceso, la defensa que tuvieron de realizar de su texto fue párrafo a párrafo, adjetivo por adjetivo, lo que acabó siendo un trabajo infinitamente más arduo que la misma tarea inicial de recabar la información para el libro, en un tema en que el hermetismo era la actitud generalizada.

Al final, aunque algo recortada por precaución, pero muy poco, ya que su investigación había sido hecha con tantas garantías que los abogados de la editorial tuvieron que aceptar la incontestabilidad del texto, aparece a la luz una obra que aporta importantes claves, tanto de la historia industrial y económica de Cataluña de los últimos 20 años, como de la propia Banca Catalana. Muchas de las cuestiones que suscitaron fuertes debates y que los abogados inicialmente presentaron como impublicables por temor a imparables querellas, han acabado publicándose íntegras, a la vista de las pruebas que los autores han logrado reunir. Pese a ello, la opinión pública continuará sin ver la luz sobre algunas de las cuestiones clave para interpretar la crisis de Banca Catalana. A pesar del tiempo transcurrido y después de todo lo dicho y escrito, todavía quedan puntos esenciales por aclarar, y del Ebro emerge una pregunta: ¿Qué hizo concretamente Jordi Pujol con sus acciones de Catalana? ¿Las vendió por su valor -600 millones, según un documento que citaban los autores- o las regaló a la Fundación Catalana, como afirmó Francesc Cabana, su cuñado y ex vicepresidente de la entidad?.

De texto a texto

El tema de esas acciones fue, por ejemplo, un verdadero caballo de batalla en las discusiones entre periodistas y juristas. Y un aspecto que siempre acababa posponiendose para la sesión siguiente.

Sobre este dato fundamental, en el texto original los autores hacían referencia a un documento en el que "se cita la escritura efectuada ante el notario Roca Sastre el 15 de noviembre de 1977, cinco meses después de las primeras elecciones democráticas, en la que se certificaba la venta de Jordi Pujol a Antoni Forrellad, actuando el primero a título individual y el segundo en nombre de la Fundación Catalana, de 100.000 acciones de la serie B de Banca Catalana. Estas acciones serían las comprendidas entre los números 1.501 y 10.500, del 19.350 al 00.349 y del 124.001 al 174.000. El valor nominal era de 100 millones de pesetas y se habrían revalorizado al 600 por cien, por lo cual Forrellad pagaría por ellas 600 millones. El primer pago se haría efectivo en el acto mediante el talón número AK0074-124, de 100 millones, contra la cuenta corriente 04204 de Banca Catalana. Diez plazos semestrales posteriores, de 50 millones cada uno, debían completar el importe total de la operación. Esta segunda fase se cumplimentaría con las letras de la serie 43A270432 a 43A270442 avaladas por Banca Catalana las cuatro primeras (aval 1608), Banco Industrial de Catalunya las tres siguientes (aval 3678), y Banco Industrial del Mediterráneo las tres últimas (aval 2.750). Por fin, con fecha 17 de noviembre, siete años justos antes de que aprobase la operación acordeón, el notario Lluis Maria Vallet Mas fue requerido en su despacho del número 42 del Paseo de Gracia, según dicho texto, para legalizar las firmas de la operación, lo cual es práctica común cuando quiere darse validez a un documento en una demarcación distinta a aquella en que actúa un notario determinado".

Frente a las resistencias y para poder salvar algo del naufragio, en el libro toda esta descripción queda reducida a "incluso circuló en medios restringidos la fotocopia de un presunto documento notarial, según el cual Jordi Pujol había vendido sus acciones a la aún nonata Fundación Catalana, regida por hombres próximos a él y que controlan sus documentos, a través de Antoni Forrelad, por un total de 600 millones de pesetas".

La otra versión del tema, recogida también como tal en el libro y convertida en oficial de la defensa por Francesc Cabana, presidente de la Fundación y también querellado, es que Jordi Pujol cedió de forma prácticamente gratuita sus acciones dos años antes de la crisis. Por otra parte, los periodistas que han investigado el caso recogen que, curiosamente, en la declaración de bienes hecha al Parlament de Catalunya, en la primavera de 1980, Jordi Pujol consignó poseer acciones por valor de 600 millones de pesetas. Y, por otro lado, indican que bajo los designios del Banco de Vizcaya, actual propietario de Catalana, ya no quedan en este banco acciones de Jordi Pujol.

Con objeto de esclarecer estas aparentes contradicciones, los autores recabaron insistentemente una entrevista con Pujol para abordar concretamente el tema. La entrevista no se produjo jamás. Tampoco aparecieron nunca unos documentos que Cabana les había ofrecido en varias ocasiones para probar que Pujol hizo una entrega gratuita de sus acciones y no una venta a la Fundación Catalana. Por efectuar estas y otras consideraciones, los periodistas debieron encajar las advertencias del abogado de Pujol, Piqué Vidal, quien tras negar la existencia del documento, les adelantó que no tendría ningún inconveniente en interponerles 200 querellas en un sólo día si fuera necesario.

Datos solventes

El tratamiento de este tema ilustra el valor de la investigación y la complejidad de la tarea de recabar datos solventes sobre el affaire. En este sentido, el libro de Baiges, González y Rexach supone la primera aportación ordenada y sustancial de hechos, nombres y fechas sobre la crisis de Banca Catalana que llega a la opinión pública sin proceder de sectores próximos al actual presidente de la Generalitat, ya que, por ejemplo, hasta este momento no ha trascendido nada de lo obtenido por los fiscales del caso en sus investigaciones.

Las cosas tampoco han sido fáciles para los periodistas desde otros puntos de vista. A partir del momento en que empezaron a rastrillar sobre el agujero de Catalana, algunas cosas se les complicaron. Uno de ellos se enteró de que un individuo estaba rastrillando a su vez, sistemáticamente, sobre su persona y actividades, y los tres empezaron a detectar un ambiente cargado alrededor suyo. Pero a pesar de ello no abandonaron. Por eso al final, rompiendo la sensación de sentirse procesados, han logrado poner el libro en la calle con la mayor parte de sus datos esenciales.

Del texto original tampoco han llegado al definitivo algunos datos que ilustraban el estilo del funcionamiento interior de la entidad. Párrafos como el de que "la confianza daba como resultado el que, por ejemplo, algún empleado guarde en su casa boletos contables firmados en blanco, o que determinados empleados del Banco Industrial de Cataluña contasen con certificados de depósito millonarios a su nombre con los que poco tenían que ver, y con las consiguientes ventajas fiscales para los anónimos clientes" Tampoco pasé la censura una alusión sobre la posguerra y el padre del actual presidente de la Generalitat -"Florenci Pujol practicaba el contrabando de divisas de forma pública y notoria, y pocas personas lo ignoraban en el mundillo económico barcelonés"-, aún siendo algo muy conocido y completamente digerido, por las circunstancias en que eso ocurría, por la sociedad catalana.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de septiembre de 1985