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Reportaje:Las fuerzas de seguridad de Euskadi

Los policías del 'lendakari'

La Ertzantza, nacida entre el recelo y el escepticismo, cuenta ya con 2.200 agentes

Siete comisarías y otras seis subcomisarías de la policía autónoma (Ertzantza) se encuentran ya en pleno funcionamiento en el País Vasco, tras la aplicación del plan de despliegue, que comenzó el pasado verano. Desde que la primera promoción saliera a la calle en febrero de 1982, el Gobierno vasco dispone de 2.200 agentes que desempeñan competencias en materia de tráfico, orden público, custodia de edificios oficiales y seguridad ciudadana. La Ertzantza no cuenta aún con una brigada especialista en lucha antiterrorista, pero los recelos iniciales entre el Gobierno vasco y el Gobierno central acerca de las competencias en materia antiterrorista se han disipado.

La Ertzantza comienza a ser una realidad en la vida cotidiana del País Vasco. La primera aparición de la policía autónoma en las calles suscitó sentimientos de desconfianza entre los sectores más radicales de la población vasca y no pocas actitudes guasonas por parte de los ciudadanos no identificados con el nacionalismo, como reconocen los propios responsables del Gobierno vasco. Éstos, sin embargo, matizan que la creación de las comisarías y la constitución de la Brigada Especial Antidisturbios son dos elementos que han contribuido a cambiar la imagen de la policía autónoma.Las instalaciones de las comisarías se han ubicado generalmente en viejos edificios que precisaban de una operación de rehabilitación arquitectónica. Sin embargo, el hecho de que el plan de despliegue global no haya sido aún aprobado por la Junta de Seguridad impide la planificación metódica de las próximas instalaciones de las comisarías, dado que los responsables del Gobierno vasco ignoran el lugar exacto donde serán ubicados los próximos centros.

Ello explicaría la precaria situación en la que se han encontrado algunas dotaciones de ertzainas, que ante la indisponibilidad de algunos edificios adquiridos se han visto obligadas a prestar sus primeros servicios en barracones prefabricados.

Todos los funcionarios de las comisarías de Gernika, Ondárroa, Tolosa, Beasain, Mondragón, Bergara y Durango, así como aquellos que figuran en las plantillas de las subcomisarías de Oñate, Amorevieta, Bermeo, Munguía, Lekeitio y Deba, se retiran a sus hogares al finalizar la jornada de ocho horas.

La idea genérica del Ejecutivo vasco de evitar la concentración policial en cuarteles se ha podido llevar a la práctica en las zonas de despliegue, a excepción de la Brigada Móvil Antidisturbios, que por razones de operatividad permanecerá recluida en un cuartel, de próxima construcción, en la localidad bilbaína de Durango.

Los recelos que se notaron al principio entre los diferentes cuerpos policiales ante la operación de despliegue de la policía autónoma han remitido progresivamente.

En opinión del viceconsejero de seguridad, Eli Galdos, "los resquemores que, sin lugar a dudas, existieron, se han ido superando con la comunicación cotidiana, con la relación día a día", a la vez que comenta en tono optimista que "en seis o siete años, cuando termine el terrorismo como fenómeno, acabarán los recelos en los cuerpos".

El Gobierno vasco había previsto inicialmente que el plan de despliegue de la policía autónoma finalizaría en el año 1987 con una dotación de más de 2.000 personas.

Sin embargo, el consejero de interior, Luis María Retolaza, no quiere entrar en cálculos numéricos y prefiere hablar de la necesidad de dotar a la Ertzantza de todos los medios materiales y humanos precisos, en función de las necesidades concretas de la población.

"Resultaría impreciso hablar del número de policías; eso lo iremos estudiando a medida que se vayan desarrollando los despliegues. No existe un modelo único de policía y, en consecuencia, las experiencias de otros países de diferentes consensos y conflictos sociales no son parangonables, independientemente de que tomemos nuestros puntos de referencia".

Un sargento mayor, un sargento de planificación, un inspector, varios cabos y números, cuya cantidad oscila en función del censo de habitantes que comprende cada circunscripción, comprenden el escalafón de cada comisaría, que a la sazón cuenta con un equipo de seis investigadores "de paisano", denominados askatus (su traducción del euskera significa libres).

La persistente polémica suscitada entre la Administración central y la autónoma durante la primera legislatura del Gobierno vasco acerca del concepto de competencia extra o supra comunitaria, como la lucha contra los terroristas, ha dado paso a un clima de entendimiento.

El principio de acuerdo suscrito entre ambas partes en litigio consiste en adjudicar las competencias extra o supra comunitarias citadas explícitamente en el artículo 17 del Estatuto de Autonomía a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

El resto quedaría reservado para la policía autónoma. Así, la vigilancia de puertos, aeropuertos, costas y fronteras, aduanas, control de pasaportes, régimen general de extranjería, extradición y expulsión, inmigración, documento nacional de identidad, armas y explosivos, contrabando y fraude fiscal son las competencias cuya titularidad pertenece en exclusiva a los cuerpos policíales del Estado.

En este sentido, los responsables del Gobierno vasco insisten en que "la lucha antiterrorista no está considerada como extra o supra comunitaria, por tanto es una competencia que pertenece al Gobiemo vasco".

Los máximos portavoces de la Consejería de Interior se muestran partidarios de un desplazamiento de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado hacia otras circunscripciones en las que no figure ninguna comisaría de la Ertzaina.

"Sobre todo por razones de eficacia", comenta a este periódico el consejero de interior, Luis María Retolaza, "ya que en los lugares en donde se ha ubicado la Ertzaina apenas hay trabajo relacionado con las competencias consideradas como extra o supra comunitarias".

El Gobierno autónomo vasco reconoce que la lucha antiterrorista está considerada, en la mayoría de los casos, como un problema de carácter nacional, y por esta razón se muestra partidario de llevar a cabo una labor coordinada con otros cuerpos policiales, sin perjuicio del reconocimiento de la titularidad de esa competencia (la lucha contraterrorista en el País Vasco) por parte de la Ertzantza.

En este sentido, tras recordar el enfrentamiento producido hace un año en la localidad guipuzcoana de Vergara entre un policía autónomo y tres miembros de un comando terrorista que lograron darse a la fuga, el viceconsejero de Seguridad del Gobierno vasco cita la reciente creación de la policía autónoma, así como la no coincidencia de hechos delictivos en esa materia en las zonas donde se ha efectuado el despliegue de la Ertzantza, para justificar así que la policía autónoma todavía no se haya ganado ninguna medalla en la lucha contra el terrorimo que practica ETA.

Mandos civiles

La academia de formación de la policía autónoma, ubicada en la localidad alavesa de Arkaute, alberga a un promedio de 600 aspirantes de cada promoción, que durante seis meses reciben enseñanzas teóricas y entrenamiento físico.

Cuarenta profesores integran la plantilla del personal docente, cuyo funcionamiento está supervisado por dos superintendentes: el teniente coronel José Pablo Loizaga y el capitán Juan García Oteisa. La Consejería de Interior del Gobierno vasco reconoce su preferencia por mantener mandos civiles al frente de la academia de la policía autónoma vasca.

El escaso éxito obtenido de la presencia de mandos procedentes del Ejército es, acaso, uno de los principales factores que han podido influir en la decisión de los responsables del Gobierno vasco de no cubrir las seis vacantes que, en un principio, parecían imprescindibles. Ni la plaza que quedó al descubierto tras la anulación del nombramiento del capitán Ignacio Urruticoechea, a raíz de unas desafortunadas declaraciones realizadas a un semanario vasco, ni el vacío que dejó el malogrado comandante Carlos Díaz Arkotxa, tras sufrir un atentado mortal, serán cubiertas con otros candidatos.

Los responsables de Interior del Gobierno vasco piensan que no es "forzosamente necesaria" la presencia de mandos militares en la sección de la academia de Arkaute. "Al fin y al cabo", precisan, "pretendemos formar una policía civil".

El superintendente José de Pablo Loizaga, por su parte, que denunció la marginación de los jefes militares en la academia unos días después de que Carlos Díaz Arkotxa perdiera la vida en un atentado, fue objeto de un expediente sancionador pero continúa en la dirección de la academia de la Ertzantza, cuyo lema está inspirado en la frase utilizada milenariamente en el antiguo reino de Navarra: pro libertate patria, gens libera estate (para una patria libre, gente libre).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de julio de 1985