La posmodernidad
No me imagino tumbado en una neocama, leyendo en la pantalla que cubre la pared una nonovela azaromática con olor a fresa, hasta que me duermo y los sensores lo detectan, desconectando el artilugio.Es muy fácil no decir nada cuando no se tiene nada que decir. Muerto en punk y el afterpunk, la posmodernidad ha pasado directamente del chupete al fósil. Agotada su exigua veta, llega el turno a los inmateriales, y nos machacarán un año con ellos, se harán charlas y artículos, y Savater, Cueto, Vicent, Verdú, Umbral y los mismos de siempre nos darán su brillante y divertida opinión (frivolität über alles!), nos hablarán de la nueva revolución, del futuro que ya está aquí para escarnio de los retrogrados que no sabemos asimilarlo. Y después de los inmateriales, ¿qué? Nada, hombre, ya saldrá otra cosa.
¿Acaso alguien cree en serio que el futuro de la literatura está en la escritura azarosa por ordenador? Esos mismos apologistas de los inmateriales, ¿serán capaces de aguantar durante horas la lectura de frases al azar en la pantalla de un ordenador como pueden pasarse horas absortos en una bella historia impresa en papel?
Yo sólo quiero que me cuenten historias, y Larva es un tochazo intragable. La posmodernidad es una estupidez, y lo de los inmateriales tiene pintas de rizar el rizo del ombliguismo intelectualoidenarcisista.
Las palabras son signos de ideas. Si no hay ideas, no hay palabras. Prefiero Marcial Lafuente Estefanía a F. Lyotard y todos los moderneros juntos: al menos Estefanía no intenta ocultar que siempre dice lo mismo.
Unos miran al futuro, a los inmateriales; otros, al pasado (los toros, las tonadilleras, Bogart); otros se miran al ombligo (la gastronomía, la ropa, el aerobic, el interiorismo). Todo es moderno y divertido. Lo único imperdonable, demagógico y aburrido es recordar que vivimos en un país de tres millones de parados (bien materiales, por cierto).-Severiano Delgado.
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