El paro 'posmoderno'
La juventud está en paro, y la apoltronada "cofradía González Márquez" sigue predicando el mañanismo. La espera a Godot se ha convertido en algo tan cotidiano que la juventud ya ni siquiera se molesta en buscar un trabajo (¿para qué?); el paro engendra hábito de paro. De seguir esto así, la juventud va a pasar del paro directamente a ]la jubilación. Eso sí, jubilación posmoderna, que suena mucho mejor.La juventud, más joven que nunca (más infantil que nunca), se viste de maniquí y baila con Golpes Bajos en el último local de moda, bebe cada noche de la etílica infusión de "flores malsanas" y vuelve a casa (la mayoría, a casa de sus padres) justo antes de que amanezca (de día la realidad es más dura), después de haber soñado la aventura de Peter Pan.
La juventud se mira al espejo, se maquilla y vuelve a inyectarse más juventud. Ellos, Dorian Gray (Gay, según Fernando Castelló). Ellas, eternas "muchachas en flor", se pintan los labios para que Albertina les "bese las comisuras", a la sombra de una ola prohibida, en Balbec. Ellos, ellas, los jóvenes pos-modernos, prefieren disparatar la realidad hasta la carcajada. (Quizá porque el disparate es la forma más sensata de decir la verdad.) La posmodernidad, eufemismo de eufemismos. La juventud es una ilusión, una importante espera a Godot. Somos jóvenes porque estamos parados. Hasta que lleguen tiempos mejores, hasta que pase todo este desquiciamiento colectivo, la juventud se sube a un árbol, a olvidarse del paro.
Mientras, los ociosos señorones sabelotodo se divierten a nuestra costa definiendo el concepto posmodernidad. ¡Qué atroz!- Escritora en paro. Madrid.
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