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CARTAS AL DIRECTOR

El dinero 'negro' de la justicia

Deseo felicitar a Bonifacio de la Cuadra y a EL PAÍS por el artículo que, con el encabezamiento El dinero 'negro' de la justicia, publicó el domingo 21 de octubre.Efectivamente, las más variadas y graves formas de corrupción son una práctica habitual no sólo en los juzgados, sino también en todos los ámbitos del poderjudicial. Me comprometo públicamente a demostrar mi afirmación con importantes documentos, producto de 13 años de humillantes e indignantes experiencias relacionadas con el secuestro oficializado de mi hijo Alejandro y su traslado ilegal a Noruega. Aunque parezca mentira, este caso continúa sin ser investigado y sin resolverse de acuerdo a derecho. Ahora, en nombre de la democracia, sigme siendo oficialmente silenciado, encubriéndose a los culpables, algunos de los cuales están claramente implicados en otros asuntos escandalosos. La reforma del poder judicial -que necesariamente ha de pasar por investigar casos concretos en los que se hayan producido irregularidades, detectar y aplicar severamente la ley a quienes se demostrare han delinqu:ldo en nombre de la justicia- es una de las más urgentes tareas aún pendientes en nuestra sociedad. Para mí resulta obvio que si el Fiscal general, señor Burón Barba, o el presidente del Consejo General del Poder Judicial, señor Sainz de Robles, se hubieran interesado tanto por sanear el aparato jtidicial como se han interesado en perseguir vulpes o pronunciar discursos corporativistas, la corrupción habría disminuido notablemente. Pero lo cierto es que, pes e a sus promesas cuando ocuparon el cargo (particularmente el señor Sainz de Robles), la corrupci.ón que dijeron erradicaríaini es niás abundante y evidente que entonces. No es mi intención culparles de esta realidad, sino simpleme rite constatarla.

Por otra parte, el Gobierno del PSOE, cada día más despegado del pueblo por incumplir sus promesas (al menos, muchas de ellas) y por pactar lo que, desde mi punto de vista, mínimarnente, proj!resista (y no digamos socialista), resultaría impactable, tampoco parece estar dispuesto a impulsar seriamente la reforma de la justicia en sus aspectos prácticos. Al señor Fraga y a su coalición no se les va a ocurrir semejante idea, lógicamente. ¿Quiénes y cómo pueden acometer entonces tan necesaria tarea? En mi opinión, aquellos que padecen directamente el síndrome judicial o corrupción en el ámbito de los tribunales, cuyas consecuencias no son menos graves que las del llamado síndrome tóxico. Es decir, el pueblo. Y entre el pueblo, pero con los conocimientos jurídico-legales que también hacen falta en este caso, aquellos profesionales del Derecho que no se resignan a que la corrupción y la delicuencia se practiquen en nombre de la justicia. Es cuestión de organizarse, de tomarse en serio la Constitución (que no es únicamente un patrimonio de los políticos, aunque a veces lo parezca), recopilar pruebas, formular denuncias con datos, nombres y apellidos, y exigir que todos, incluidos funcionarios,jueces, fiscales y magistrados, seamos iguales ante la ley. ¿De qué sirve que en el artículo 117 de la Constitución se reconozca que la justicia emana del pueblo si el pueblo permanece impasible ante tanta injusticia? ¿Cómo puede tolerarse que quienes tienen el ineludible deber constitucional de proteger nuestros derechos los atropellen sistemática e impunemente? Los políticos nos dicen muchas veces que somos un pueblo maduro. Dicen tantas cosas que nos gusta oír que algunos se lo acaban creyendo. ¿Pero dónde está nuestra madurez, dignidad y soberanía, si seguimos permitiendo la corrupción en el poder judicial, el incumplimiento de promesas que nos hicieron cuando pidieron nuestros votos o cuando solemnemente ocuparon el cargo que ocupan?.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 30 de octubre de 1984