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EL DEBATE SOBRE 'EL ESTADO DE LA NACIÓN'

El presidente calificó a Fraga de catastrofista e ironizó sobre el tono "escasamente constructivo" de su discurso

Felipe González acusó a Fraga de hacer "catastrofismo" y el jefe de la oposición conservadora atacó a su vez al presidente del Gobierno, achacándole que está haciendo una política de destrucción de la familia, de la empresa, de la escuela, y de intentar ir hacia un régimen presidencialista; "están ustedes acabando con el Parlamento", espetó Fraga a González en un momento de especial crispación en el turno de réplicas tras las intervenciones iniciales de ambos, que habían consumido en total algo más de tres horas.

Este turno de réplicas entre el jefe del Gobierno y el principal representante de la oposición, derivó en un intercambio de golpes dialécticos más duro de lo que podría haberse esperado por el tono de los discursos precedentes. La confrontación abarcó no solo las consabidas guerras de cifras sino también invectivas personalizadas sobre los destinos de los veraneos del presidente o los desplazamientos a Suráfrica del dirigente conservador.González comenzó su respuesta al largo discurso de Fraga -que duró más del doble de lo estipulado por el Reglamento- ironizando acerca del tono escasamente constructivo y fuertemente catastrofista en el que había sido pronunciado. El presidente provocó en numerosas ocasiones las risas de sus propios parlamentarios y de algunos de las minorías. González advirtió a Fraga, que acababa de anunciar la reprobación de cuatro ministros, que le había hecho "una descripción clara de qué ministros no deben cesar".

"La reprobación es una manera de salir del paso cuando no se puede presentar una moción de censura", dijo el presidente a su adversario político, a quien amonestó no solo por el tono de su discurso, sino también por el hecho de emplear unos datos estadísticos falsos sobre crecimiento económico en otros países y en el nuestro y el incurrir en contradicciones. "Nos ofrece usted, señor Fraga, un cuadro que es la cuadratura del círculo, sin contrastar las cifras". "Tiene usted que hacer un esfuerzo por ser riguroso, señor Fraga", aconsejó el presidente. En tono enfurecido, y patentemente molesto por las admoniciones, Fraga blandió sus cifras asegurando que todas estaban en papeles oficiales o de la OCDE y opinó que los verdaderos datos que interesan al ciudadano son los del "consabido precio de los garbanzos", los del supermercado o los del metro. El rifirrafe entre ambos acabó con una acusación de "falta de seriedad política" dirigida por González a su oponente.

El presidente admitió la exístencia de contradicciones en su equipo de trabajo -"siempre existen algunas contradicciones; me dan escalofríos los que creen acertar siempre"- pero solamente para pasar a achacar mayores divergencias en el seno del Grupo Popular: "Por ejemplo, unos, dentro de su grupo, señor Fraga, insisten en que debe hacerse una reconversión industrial sin contemplaciones, y otros, en cambio, afirman que nada debe tocarse". Desmintió también que las pensiones mínimas no han crecido, y aseguró que este año aumentarán un un 11%, es decir, 3 puntos por encima de la inflación prevista.

Acusación de demagogia

Tampoco evitó por corripleto una referencia al pasado, de la misma manera que Fraga no había evitado aludir al programa máximo de los socialistas de finales del siglo XIX: "Cuando el señor Fraga dice ahora que los ciudadanos se sienten menos protegidos en sus derechos y libertades que antes, ¿a qué época se refiere el señor Fraga?"; y ante el conato de escándalo que crecía en la Cámara, apenas reprimido por el presidente de la misma, Gregorio Peces-Barba, agregó de inmediato que, naturalmente, ni se le había ocurrido referirse a la época en que el señor Fraga era ministro de Gobernación.La propuesta de consenso que el presidente del Gobierno había lanzado poco antes en torno a la permanencia de España en la Alianza Atlántica, quedó por completo fuera de este intercambio de golpes -"golpes bajos", calificó un diputado de la minoría Catalana-. Pero, dentro del apartado de política exterior, el presidente insistió en que "cualquier observador sabe que España es más respetada cada día", y, en otra referencia al pasado, recordó que "mientras aquí ha habido gobiernos de derecha, Francia ha vuelto la espalda a nuestros problemas'", refiriéndose a la mejora en la colaboración contra el terrorismo. Luego acusó a Fraga de practiar una política demagógica en las cuestiones exteriores: "Si, en lugar de haber sido unos pescadores españoles los que apresaron a dos militares marroquíes hubiera sido al revés, el señor Fraga me hubiese pedido que la Armada Invencible acudiese a rescatar el honor perdido", afirmación que provocó una nueva explosión de risas en los escaños de la izquierda.

Fraga replicó en un tono mucho más airado que el que había caracterizado su intervención anterior: "No ha faltado una sola nota de demagogia en su intervención, señor presidente", tronó, antes de incidir, él también, en una referencia al pasado: "No me avergüenzo de nada de lo que he hecho por España en mi vida, ni creo que la Constitución, en cuya elaboración hemos participado, pretenda dividir a los españoles entre los de antes y los de ahora". González se vio forzado a puntualizar, ante esta muestra de indignación de su oponente que España tiene mucho que agradecer a Manuel Fraga por cuanto ha incluido a muchos españoles dentro del marco de la Constitución, en cualquier caso, este reconocimiento no pareció ser del agrado del líder conservador.

A continuación del presidente de Alianza Popular abundó en la batalla de las estadísticas, en los ataques a los viajes del presidente -"yo en cambio, veraneo en mi pueblo"- en la financiación con fondos públicos de la obra teatral Teledeum, y no olvidó una crítica a los gastos de representación -"gastos reservados", corregiría González- de Presidencia. Pero acaso la acusación más grave estaba guardada hasta el final: "Por lo visto", dijo Fraga, "en España vamos hacia un sistema presidencialista, están ustedes acabando con este Parlamento...". No llegó a completar la frase. González se levantó de inmediato para recordar que, a lo largo de los dos últimos años, ha intervenido 48 veces en las cámaras, mientras que sus antecesores en total lo hicieron solamente en 15 ocasiones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de octubre de 1984

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