Una áspera polémica entre civiles y militares perturba la apertura brasileña

El termómetro que registra la temperatura de la política brasileña llegó a niveles alarmantes en los últimos dos días, hasta el punto de que no han sido pocos los que se preocupan seriamente por la salud, del proceso de normalización democrática del país. Todo ello se debió al intercambio de frases especialmente ásperas entre un ministro militar del Gobierno, el brigadier Delio Jardín de Matos, de la Fuerza Aérea, y el ex gobernador y todopoderoso cacique de la política del Estado de Bahía, Antonio Carlos Magalhaes.El encontronazo entre el militar y el líder político empezó con un discurso pronunciado por el primero en la ceremonia de inauguración del aeropuerto internacional de Salvador, capital de Bahía. La ceremonia contó con la presencia del presidente de la República, general Joâo Figueiredo, que estaba acompañado del diputado Paulo Maluf, candidato del partido gubernamental a la sucesión presidencial.

Más de la mitad de los diputados y senadores de Bahía boícotearon el acto, como muestra de rechazo a la candidatura Maluf. El brigadier Jardín de Matos, en una alocución breve (una sola cuartilla), criticó duramente a los "traidores" que abandonaron el partido del Gobierno para formar una alianza electoral con la oposición. La respuesta del ex gobernador Antonio Carlos Magalhaes fue rápida: "Traidor es él, que abandonó los ideales del movimiento militar para respaldar a un corrupto. Traidor es él, qué abandona ideales honorables para dar respaldo a la corrupción".

Todo eso quedaría reducido a las peculiaridades de las disputas electorales, pero hay en el caso brasileño algunos detalles alarmantes. En primer lugar ha sido ésta la primera vez en más de 20 años de régimen militar que un ministro uniformado es desafiado de manera tan dura y tan pública. En segundo lugar, el estreno del controvertido candidato oficialista en campaña al lado del presidente ha sido desastroso. En tercer lugar, a medida que se hacen más claras las inmensas dificultades encontradas por el diputado Paulo Maluf para conseguir respaldo entre los políticos del partido oficialista, más aumenta el malestar en los sectores duros de las fuerzas armadas brasileñas contra los disidentes.

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