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Enrique Obregón

De embajador en Madrid a ministro de Gobernación de Costa Rica.

Enrique Obregón, de 59 años, abogado, candidato a la presidencia de Costa Rica en 1962, ex diputado de la Asamblea Legislativa y embajador en España durante los dos últimos anos, se convirtió el pasado día 19 en un personaje clave del Gobierno del presidente Luis Alberto Monge en un momento en el que se aireaban los rumores de un posible golpe de Estado. Considerado el hombre de la izquierda de Liberación Nacional, el partido de tendencia socialdemócrata que actualmente gobierna Costa Rica, Obregón tiene a sus espaldas una intensa actividad no sólo como político, sino también como docente y periodista. Sus escritos y ensayos de análisis político le han convertido en uno de los principales teóricos, de su partido. En sus escapadas a la creación literaria ha hallado tiempo para acabar un libro en el que refleja sus experiencias durante su estancia en España.

"Mi nombramiento me cogió de sorpresa", afirma Enrique Obregón, casado con una. española y con cuatro hijos. Sus planes para los próximos dos años eran prolongar su estancia en España, país al que se siente muy unido por una larga estancia no sólo como diplomático sino también como estudiante de Derecho y corresponsal del diario La República. Su interés por conocer a fondo la geografía española le llevó en 1954 a recorrer, a pie, durante tres meses, la ruta de Don Quijote.

Obregón aparenta ser un hombre apacible, al que no le atraen las turbulencias de las luchas políticas. Pero tras su porte humilde y a la vez digno se percibe una personalidad firme. "Sé que Gobernación es uno de los ministerios más conflictivos pero yo utilizaré todas mis energías para mantener en la olla política que me corresponde las mejores tradiciones democráticas de Costa Rica".

Es consciente de que su nombramiento es considerado como la contrapartida progresista a la designación de Benjamín Piza, empresario y hombre del ala derechista del partido al frente de la cartera de Seguridad. Obregón, que se define a sí mismo como un socialdemócrata a secas, considera que su elección responde más bien "a los lazos de amistad y largos años de militancia en el partido" que le unen al presidente.

En cuanto a Piza, Obregón considera que "las etiquetas políticas son relativas y en nuestro país los empresarios son generalmente progresistas e intelectuales."

Obregón considera la reciente restructuración ministerial como un hecho "completamente normal dentro de la dinámica de las instituciones democráticas", y no el fruto de una crisis política.

Para Obregón las huelgas bananeras no suponen un peligro para la estabilidad de su país. "Lo que nos preocupa es el hecho, de que determinadas agrupaciones extremistas a veces utilizan las protestas de los trabajadores para imponer la lucha por otro tipo de intereses ajenos a los laborales".

Obregón confía en los resultados del proceso electoral que se desarrolla actualmente en Managua: "En Nicaragua no se han celebrado prácticamente nunca elecciones libres, pero yo creo que con un poco de esfuerzo los gobemantes nicaragüenses podrían crear las bases para transformar la revolución sandinista en una revolución democrática'.

Obrégón es un tico que habla con orgullo de su "pequeño país" sin ejército, de tradiciones democráticas y política neutral. "Dicen que somos un país pequeñoburgués, pero en nuestra breve historia contamos con notables conquistas espirituales, como el haber celebrado el año pasado el primer centenario de la abolición de la pena de muerte o haber logrado extirpar, desde hace unos 60 años, la plaga del analfabetismo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de agosto de 1984