Ir al contenido
_
_
_
_
Cartas al director

Ni esperanza de morir

Estoy harta, harta de promesas electorales incumplidas, harta de oír hablar a todas horas de solidaridad, de temas puntuales, de soluciones globales y de nuestra homologación con los países europeos, homologación que, lamentablemente, sólo se da en los aspectos negativos y nunca en los positivos. Estoy harta de comprobar que, como siempre, la clase política vive como Dios, mientras se exige al ciudadano de a pie que se apriete el cinturón. Estoy harta, en fin, de estos 56 años puñeteros que tengo y que me convierten en demasiado joven para acceder a esas mínimas y chapuceras ayudas que se conceden a los viejos y en demasiado vieja para otras cosas, como, por ejemplo, conseguir un trabajo en un país con más de dos millones de parados.Cobro una pensión de viudedad de 27.098 pesetas, y entre alquiler de apartamento, luz, gas y teléfono se me van cada mes 23.000 pesetas. Me quedan, pues, 4.098 para vivir. Vivir..., ¡qué risa!

He intentado ingresar en una residencia, pero las privadas son caras y para las del Estado sigo siendo joven. Como joven soy también para conseguir descuentos en los billetes de autobús, en los recibos del teléfono, en las entradas de espectáculos, etcétera. O sea, que, o tienes 65 años cumplidos o te mueres de asco. Supongo que a los 65 años sigue una muriéndose de asco, pero, al menos, el autobús te cuesta cuatro pesetas y de cuando en cuando te llevan de excursión a Toledo o te obsequian con recitales gratuitos de zarzuela. Lo patétíco es traspasar la frontera de los 50, querer y saber trabajar y no encontrar trabajo, no ser ya joven, pero tampoco una vieja oficial, desear vivir y verte condenada a vegetar. Y por si fuera poco, gozo de una excelente salud, así que por ahora, ni siquiera puedo contar con la esperanza de morirme pronto. Qué aburrimiento.- .

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_